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Andreas Kalcker: ¿el dióxido de cloro, la solución al Covid-19?

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Andreas Kalcker sostiene que el cuerpo se cura solo pero que, obviamente, hay que darle las condiciones óptimas para que lo haga. La salud es el resultado del equilibrio en el pH del cuerpo, es decir, sus niveles de alcalinidad y acidez. Él sostiene que el cuerpo a través del dióxido de cloro es capaz de prevenir y de curar el virus del SARS-CoV2, que la clave está, en las dosis exactas para que el cuerpo oxigene la sangre y ésta elimine al virus.

“La acción terapéutica del dióxido de cloro está dada por su selectividad por pH. Significa que esta molécula se disocia y libera el oxígeno cuando entra en contacto con otro ácido. Al reaccionar se convierte en cloruro sódico (sal común) y al mismo tiempo libera oxígeno, que a su vez oxida los gérmenes nocivos de pH ácido presentes, convirtiéndolos en óxidos alcalinos. Por lo tanto, el dióxido de cloro al disociarse libera oxígeno en la sangre, al igual que los glóbulos rojos a través del mismo principio (conocido como el efecto Bohr), que es ser selectivo por acidez. Al igual que la sangre, el dióxido de cloro libera el oxígeno cuando se encuentra con acidez, ya sea por ácido láctico o por la acidez del patógeno. Su efecto terapéutico es debido -entre otros- a que ayuda en la recuperación de muchos tipos de enfermedades creando un entorno alcalino, eliminando al mismo tiempo patógenos ácidos de tamaño pequeño” explica, sintéticamente, Andreas Kalcker.

¿Qué es el dióxido de cloro?

1. El dióxido de cloro, es un gas de color amarillo que se disuelve fácilmente en agua, sin alterar su estructura;

2. Se obtiene a través de mezclar clorito sódico y ácido clorhídrico diluido;

3. El gas del dióxido de cloro disuelto en agua es un oxidante;

4. El dióxido de cloro es selectivo por pH y cuanto más ácido el patógeno, más fuerte es la reacción;

5. Según estudios toxicológicos de la EPA (U.S. Environmental Protection Agency. Oficina de Protección Ambiental de los EE UU en español) el dióxido de cloro no deja residuos, ni se acumula en el cuerpo a largo plazo;

6. En el proceso de la oxidación se convierte en oxígeno y cloruro sódico (sal común).

Sus detractores

Carlos Rius Alonso, del Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Química de la Unam, sostiene, que el dióxido de cloro se presenta como un producto con respaldo científico, lo cual no es así, porque su uso se base en estudios acerca de su efectividad para eliminar virus y bacterias realizados en ambientes controlados y no en seres vivos, hechos en la década de los ochenta. Al ingerirse, elimina bacterias del esófago, y al ser un fuerte agente oxidante, destruye células del organismo pero no al virus. Una explicación de quienes lo ofertan es que al consumirlo se genera oxígeno, y por lo tanto oxigena la sangre; sin embargo, “poco a poco oxida al hierro y baja el conteo de hemoglobina, es decir, de glóbulos rojos; con ello, se disminuye la función de la respiración y se impide transportar oxígeno de los pulmones a otras partes del cuerpo” remata contundentemente Rius.

Rius Alonso recomendó dudar de los productos “milagro” que se ofrecen en el mercado para curar diversas enfermedades, así como consultar fuentes confiables como la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), que proporciona al público información científica verificable. Y agrego que el dióxido de cloro provoca: intoxicación, alteraciones del ritmo cardíaco, gastritis, daño hepático severo y hasta alteraciones en la sangre que conllevan a la muerte.

Andreas Kalcker, contesta: que las respuesta de los farmacéuticos y de los científicos son meramente referenciales y se niegan a reconocer los resultados concretos que se han dado en el uso del dióxido de cloro y pone como ejemplos, los 102 casos de Covid-19 de Bolivia, de los cuales el 97.8 % sanó y que ninguno se ha muerto por ingerir el dióxido de cloro. 

Además, las autoridades regulatorias mundiales se han negado a realizar pruebas para verificar la eficiencia del medicamento y se mantienen en las referencias, sin presentar evidencias que prueben que la sangre se destruye, cuando sucede todo lo contrario, enfatiza Kalcker.

También pone de ejemplo a Galileo Galilei que siempre fue estigmatizado, por los científicos de entonces, con argumentos referenciales y hoy Galileo es visto como el gran revolucionario de la astronomía.

Kalcker responsabiliza a los políticos y a las grandes empresas farmacéuticas de negarse a aceptar y probar su medicamento y, considera, que la pandemia es una forma nueva de esclavitud mundial donde los humanos estamos, bajo el temor, sujetos a los dictados de los monopolios de las medicinas y pide a los demás gobiernos considerar su propuesta como ya lo hizo el gobierno de Bolivia.

Yo aclararía que resulta muy sospechoso que estas autoridades mundiales y, particularmente, las norteamericanas, por ejemplo, niegan la eficiencia del medicamento cubano (interferón) en el tratamiento del Covid-19 y promueven, con gran velocidad, el remdesivir, no está demás decir, que es de producción americana, en un claro sentido político y comercial de la decisión. Aquí observamos posturas políticas y no científicas para recomendar o eliminar un producto. Como si la vida de una persona pudiera decidirse con base en su postura ideológica. Los virus y las bacterias no tienen preferencias ideológicas, matan por igual. Aquí los responsables son políticos.

El contexto

Este debate se da en la puesta de tela de juicio las decisiones de los grandes laboratorios, las autoridades reguladoras de los medicamentos y las organizaciones de la salud (OMS y OPS). Las grandes empresas farmacéuticas en el mundo, globalmente, y en México, en forma regional, manipulan el mercado de los productos farmacéuticos y se han enriquecido con el dolor humano que los ciudadanos no hayamos qué hacer. Esto sucede porque los gobiernos en forma legal e ilegal apoyan a estos monopolios -que se han vuelto crueles vividores del dolor humano-, dígase cáncer, Sida, Parkinson, leucemia, insuficiencia renal, diabetes, entre otras enfermedades, son fuente de dinero y bienestar para ellos. Los pacientes, para ellos, no son más que clientes y fuentes de dinero, no son seres humanos, se les rebaja al nivel de compradores de mercancías y la enfermedad es una oportunidad de utilidades.

En México la mafia del poder, sin escrúpulos y llenos de crueldad, hicieron del tráfico y el manipuleo del costo de los fármacos un gran negocio y fuente ilícita de enriquecimiento, con base en los presupuestos federales y del dolor humano. Aumentar hasta diez veces el valor de las medicinas los hizo ricos pero mató a miles de mexicanos y dejó un sistema de Salud en ruinas.

Frente a la pandemia del Covid-19 los mexicanos hemos cavilado, en la búsqueda de una posible solución, por si llegamos a padecerlo. La no existencia de una vacuna, y su muy probable desarrollo hasta finales del 2021 o a mediados de 2022, nos produce angustia y temor por nuestro enorme grado de vulnerabilidad.

Lo anterior ha conducido a muchos mexicanos a cavilar en la búsqueda de un posible tratamiento efectivo contra el Covid-19. Dichas cavilaciones los ha conducido a una solución riesgosa, por decir lo menos. Los mexicanos y, muchas personas de diversas nacionalidades, ven el dióxido de cloro su solución no traumática ni dolorosa y barata.

Andreas Kalcker, sostiene que sus detractores son mal intencionados, parciales y, convenientemente sincréticos, para descalificar y satanizar al dióxido de cloro. Existen diferentes formas de encontrar el cloro, dice, y cita: existe el ion hipoclorito (ClO), ácido hipocloroso (HClO), hipoclorito de sodio (lejía), cloruro de sodio (sal común), cloro cl (gas) y ácido clórico. Y a partir de este sincretismo alertan sobre peligros y daños –como los señalados por Rius Alonso anteriormente-.

Mis conclusiones:

Andres Kalcker pone en serios aprietos a las autoridades reguladoras de las medicinas, además pone en evidencia a los científicos tradicionales que sólo lo descalifican sin utilizar, cuando menos, la duda metódica; la ausencia de la vacuna y un tratamiento para la Covid-19 pone en serios aprietos a los organismos de la salud como la Organización Mundial de la Salud y Organización Panamericana de la Salud y, sobre todo, a la Food and Drug Administration (FDA) y  a la Agencia Europea de Medicamentos (AEM) que pareciera que le apuestan a los monopolios farmacéuticos y no a la salud de los seres humanos; por tanto, las personas con legítimo derecho buscan soluciones a potenciales amenazas como el Covid-19.

Mis recomendaciones

Busque asesoramiento con un médico de confianza y pídale una opinión y tome la decisión que usted considere conveniente. Su salud es responsabilidad de usted. 

Cuestionemos a los organismos reguladores de los fármacos y los responsables de la salud mundial para que humanicen la medicina y dejen de seguir tratándonos como clientes y no como pacientes.

La FDA Y AEM  a nivel mundial, por ser referentes por su importancia económica y política y, la Comisión Federal para la Protección de Riesgos Sanitarios (COFEPRIS), por su competencia nacional, deben de dar una respuesta científica y social que pondere los intereses de los seres humanos y no de los intereses políticos y económicos de unos cuantos.

Lo bueno, entre otras cosas, de Andreas Kalcker es que está poniendo a juicio a las grandes corporaciones farmacéuticas y en el ojo de la atención a las personas. Bien por Andreas Kalcker.

Los grandes monopolios farmacéuticos especulan con nuestra salud. Nosotros tenemos derecho a cavilar con nuestra salud. Es nuestro derecho.

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