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Chumel Torres, el estereotipo del opositor

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Chumel no es un cómico, es un político de derecha haciendo política, es el estereotipo del opositor ideal que encarna al militante del BOA, PAN, PRI, MC, PRD… y de toda organización de derecha  como FREENA, entre otras.

Chumel Torres no es un cómico, es un actor haciendo política y propaganda, es el político de la derecha opositora que hace política por medio del insulto, y sobre todo, del vilipendio racista y clasista de una clase social y política huérfana de poder, que perdió las llaves de las arcas de los dineros fiscales y de los privilegios del Estado, sencillamente, porque los mexicanos los defenestramos, por ineptos y corruptos, el uno de julio de 2018, y están demostrando que no soportan su nueva realidad, no aguantan los gajes de la democracia. Están vomitando odio al máximo.

Cantinflas fue un cómico, no un político, que les arrebató a los políticos la palabra y la hizo humor, ironía y escarnio de los mismos políticos; su mucho hablar sin nada decir es la forma sutil y magnifica de su desprecio de los demagogos, los pervertidores del valor de las palabras; Cantinflas es igual a Chaplin, no tanto por sus cualidades histriónicas como por la raíz de los personajes: idénticos el desafío social, la poesía, la arrebatada pasión romántica de los desposeídos. El Vagabundo y el Peladito. Dice de Cantinflas (1948) Ismael Diego Pérez citado por Carlos Monsiváis en el libro Escenas de Pudor y Liviandad.

Chumel Torres es el nuevo intelectual de los comentócratas que, desesperados, adoptan el insulto del comediante como instrumento político pero sin las cualidades de los actores standuperos.

Es un voluntarioso standupero -su nueva palestra- porque la sociedad dejó de oír a los políticos de la derecha decadente y corrupta, en las plazas, en la televisión, en el Congreso y en la radio. Los políticos son los nuevos cómicos involuntarios (Marko Cortés es un cómico fantástico y patético a la vez). Su realidad se asemeja a una película cómica de situación y equívocos involuntarios.

Chumel Torres es un patán, que insulta a los demás por el solo hecho de ser  indígenas y pobres.  Según él y la clase popis que representa, no tienen derecho a recibir ningún beneficio del Estado y mucho menos tomar el gobierno. Es la mejor encarnación del odio, de los fifís que odian lo indígena y lo marginal, es la objetivación de los ricos, otrora en el poder, que sólo les concedían su existencia a los indígenas y a los marginales, para justificar su presencia en el gobierno y le llamaban democracia al acto de depositar los votos en las urnas que les importaban muy poco porque el IFE, en su momento y, ahora el INE, organizaban las elecciones siempre a favor y a modo para que los abusones del PRIAN ganaran. Lo indígena solo les iba bien para la foto de la promoción turística y el Pueblo Mágico. Las pirámides y los monumentos nacionales sólo van bien para la foto turística y el lucro, pero si se trata de golpear a la democracia no importa que se rayen, se profanen y se destruyan, en ese momento pasan a ser simples montones de piedras viejas.

 Es la mejor expresión de la subcultura del racismo y sus actos son una venganza por haber votado contra ellos. Ellos, que se creen iluminados, y son blanquitos y ojo güero, no soportan estar fuera del presupuesto, del poder y lejos de los recursos monetarios para robárselos.

Llama a todos nacos o chairos como venganza por haber sido expulsados del paraíso, que era el gobierno, donde podían hacer y deshacer a su antojo y saquear según sus deseos. No olvidemos que naco es la aféresis de totonaco y, consecuentemente, es fuertemente racista e insultante.

En síntesis histriónicamente, Chumel Torres, carece de talento actoral, artístico y estético.

Germán Valdés, mejor conocido como el Tin-Tan, ese si era un gran actor, un gran comediante que por medio del ingenio del lenguaje, el albur fino, el baile y el canto, ofrecía verdaderas piezas artísticas en sus películas. El Tin-Tan fue un comediante con más recursos que el público mexicano ha conocido.

Antonio Espino y Mora mejor conocido como Clavillazo uso su lenguaje corporal como instrumento de su comicidad y  Adalberto Martínez Resortes el baile.

Chumel Torres es, voluntariamente, una tragedia presentada como comedia. Chumel carece de algún talento específico. No hay talento actoral ni propuesta estética, sólo insulto.

Polo Polo en sus chistes y lenguaje grosero es mucho más estético que Chumel pues hace del insulto, vulgar y prosaico, un objeto de risa y disfrute no sin fundar su humorismo en la complicidad del público que se ríe de lo que está a su alcance: los albures, la coprología, el machismo y  la humillación. Polo Polo no insulta al público porque es un standupero no un político. 

Los comediantes no tienen como fin insultar. El objetivo de Chumel sí es insultar.

Chumel Torres tiene la misión de disparar insultos a diestra y siniestra porque carece de argumentos histriónicos y políticos. Él lo que pretende realmente es ser un modelo para los militantes de derecha y es un manual, en sí mismo, para reventar la convivencia en el Facebook y en los grupos del WhatsApp. En los grupos de guasap se convierte en el chistosito que usa el insulto como argumento político, es decir, es la ausencia de todo argumento político. Su máxima es: si yo no tengo razón cuando menos te vomito mi odio como forma de desquite.

Luis de Alba al crear el personaje del Chico de la Ibero no lo concibió como un espécimen racista ni con el objetivo de insultar a la sociedad. El show del Chico de la Ibero pretendía burlarse del niño bien, del junior, el más abyecto personaje engendrado por el desarrollismo. El humor del personaje se volvió racista al ser así percibido y conducido por un público formado y entrenado en el racismo como expresión visual del clasismo, sostiene Carlos Monsiváis. Su fin no era insultar.

Chumel Torres en síntesis es el estereotipo del militante de derecha que se ha quedado vacío de argumentos y de propuestas culturales y políticas para la sociedad mexicana. Es el reventador del feís y el guasap. El insulto ante todo es su arma política. Es el cínico, mentiroso, racista y clasista, que sin pudor alguno reivindica la sociedad racista e injusta y la corrupción como sus ideales por alcanzar.

ANLO regrésanos a México es la mejor expresión del ideal de Chumel Torres: la vuelta del sistema de encomienda a nuestro país, el nuevo colonialismo.

Chumel es  un estereotipo del militante de derecha, es la inspiración del racista perfecto.

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