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OPINIÓN

Con los ojos en la cara. Tres mujeres alejadas del bien y del mal.

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Escrito por: Ramiro Cisneros García.

Hace ya algunos años que durante varios días mi hijo el menor de los varones y yo, fuimos a “la casa de abajo” con el fin de pintar los descarapelados muros, golpeados por el tiempo y el semiabandono. Lo hicimos porque era época de vacaciones y no teníamos planes ni dinero para salir de paseo a algún lugar de los muchos que hay. Hesed, más fuerte que yo, tuvo que cargar la escalera; la primera que compramos en nuestra historia familiar y de la cual caí de una altura aproximada de tres metros hace casi un año al resbalarse sin otra causa que mi imprudencia al no asegurarme de que estuviera firme. Resultado: un coágulo en el cerebro que se manifestó como a los tres meses y que me mantuvo fuera de la circulación un buen tiempo. Cuando compré la escalera, lo primero que dije fue, “la voy a pintar para evitar la corrosión”. Todavía está sin pintar. El primer día que fungimos como pintores logramos terminar la cocina y una recámara. De regreso, hicimos un breve recorrido por la colonia, “el Pedregal” sita en Comala y nos dimos cuenta que había muchas casas y muchos niños. Ahora hay más de todo.
En algunos momentos, cansados, dejábamos de pintar y nos salíamos a la cochera a tomar aire. En la casa de enfrente y junto a la puerta principal que es también la única, tres mujeres jóvenes estaban en franca y abierta conversación; con seguridad, trataban asuntos de mucha trascendencia para ellas, pero nada que deba preocupar a nuestra sociedad en una temporadas paranoicas porque ya sabe usted como están las cosas y todo lo que se dice. Verdad o no, es preocupante. Era la recurrente coyuntura electoral que aparece cada tres años, solo eso recuerdo, y también recuerdo que uno de los candidatos tuvo la osadía de ir por la calle con bolígrafos, camisetas y cachuchas en mano y en cuanto lo vieron las turbas de Atila, lo jaloneaban con el interés de llevarse algo para su casa y él, solo atinaba a mirar desconcertado a los lados y en momentos de mayor turbación e impotencia, al cielo. Intervine, pedí a quienes lo empujaban y tiraban tarascadas que se hicieran para un lado y él candidato pudiera repartir generosamente lo que ellos le querían arrebatar. Me hicieron caso y él pudo entregar lo que llevaba para ese fin. Sonrió agradecido y yo me retiré. Y, en ese tiempo, hice algunas reflexiones que hoy comparto. Debe ser muy triste y estresante lo siguiente; me refiero solamente a los que contienden y a sus allegados y esto es lo que reflexionaba, hay entre los que andan tras el candidato: aquellos que quieren ser y no son. Los que querían estar en la lista y no están; los que lucharon, empujaron, defendieron, argumentaron, gritaron y que por fin lograron acercarse a su “abanderado” y salir en la foto y, justo donde estaban, hicieron un inocente y nada intencionado recorte y lo tiraron a la basura. Nada personal. También estaban los que la creen fácil y la tienen difícil; los que no tienen un padrino poderoso o que precisamente ahora, en estas fechas cayó en desgracia. Los que queriendo componer descompusieron; los que tratando de mejorar empeoraron. Todo parecía estar tan cerca y sin embargo tan lejos. Hay de frustraciones a frustraciones porque en algunos casos, se carga con una esperanza rota, despedazada, hecha trozos, cuando más se creía que todo marchaba sobre ruedas; y qué cierto es aquello de que, “del plato a la boca se cae la sopa”. Su compadre querido le decía que para la otra y que ahora había muchos compromisos y que por eso seguramente él no logró entrar en la repartición y que las plazas laborales, me refiero a las mejores, no ajustan para todos. Nada personal. La neta, compadre, nada personal. Pero quien quite y luego las cosas se acomoden, y haya una oportunidad. Yo voy a estar al pendiente… mientras, hay que echarle ganas. Compadrito, nada personal. Grábatelo, nada personal…las cosas son las cosas.
En la soledad un hombre camina con desatino, desplomado y la mirada perdida, extraviada, y dice casi en silencio: “no lo puedo creer…Ya estaba todo…Yo si le trabajé no como otros. Y, ellos, ellos si están y yo no…Es difícil entender…Ya hasta les había dicho a mis hermanos que ahora sí y venido a ver…Lo que son las cosas… No sé qué le voy a decir a ella. Teníamos tanta esperanza en estos tres años. Entiendo que mi compadre trate de darme ánimo, pero mientras, yo no sé qué voy a hacer. Mañana voy a regresar con mi patrón…Bien me decía que esto podría pasar… Con que no me diga: “te dije que era aventurado y que las cosas se ponen difíciles porque todos quieren y no hay para todos”. Mañana será otro día…esto no me vuelve a pasar. Lo peor es que me anduve exhibiendo casa por casa y haciendo cosas que nunca había hecho como eso de bailar en las calles y en las plazas y agitando una bandera. Malhaya lo p…Y sin decir más, tiró la bandera y una gorra allí en la banqueta. También tiró la esperanza y los sueños.
Cuando terminamos de pintar la casa llegó una persona interesada en rentarla. La verdad, dijo, me gusta y es que ya me pidieron la casa que rentaba y me pusieron un plazo. Accedí y le renté la casa, era la primera vez. Error. Quedó a deber como cinco meses y no entregaba las llaves ni sacaba sus pertenencias. Luego llegó otro candidato y muy a mi pesar le renté la casa y las cosas, si no fueron bien tampoco fueron mal. Poco tiempo después llegaron otros y bajaron todos los tataches y se posesionaron de la casa y bien que mal salimos del compromiso. En cuanto se desocupó llegaron más y después de varias consideraciones que para nada sirvieron llegaron los penúltimos. No se puede decir que hubo un desastre universal pero las cosas no fueron lo mejor a pesar de que fueron cumplidos en sus pagos. En el lugar donde seguramente estuvo colocada la cama matrimonial había alrededor de 100 pañales desechables haciendo una pequeñísima montaña. El lugar donde estaba la estufa, el azulejo antaño blanco estaba verde y unos como goterones de aceite quemado corriendo, como si hubieran querido llegar hasta el piso. Les pedí de favor que dejaran limpio y amablemente fueron a limpiar la recamara y la cocina. De lo males el peor. Con los últimos renteros cerramos, como se dice, con broche de oro. Nos fue mal, muy mal: las puertas de tambor del baño y sanitario, rayoneadas con letreros innombrables referentes al acto de defecar. Las tazas de los sanitarios estaban totalmente sucias y el piso del baño era una costra de lodo y las puertas de la cocina estaban colgando de las bisagras. La suciedad y la destrucción eran aberrantes. No lo podía creer y casi lloré de impotencia, de enojo y pensaba que no era posible tal cosa, que lo más seguro era que tuviera una pesadilla. Tampoco me pagaron la renta de varios meses aunque la promesa fue que luego vendrían para finiquitar el asunto. No los he vuelto a ver pero hace apenas tres años de ese pasaje bochornoso y cualquier rato seguramente vendrán a ponerse a mano. Esa esperanza tengo.
Días después de esos terribles asuntos regresamos para darle mantenimiento y reparación a lo destruido y para ello se requirió de la intervención a fondo de un carpintero, un albañil y por supuesto la nuestra. La taza del baño fue sustituida por una nueva porque la otra seguramente estaba cargada de bacterias y otras microscópicas creaturas capaces de causar hasta la muerte. Había cuidado, que no ahorrado un dinero del aguinaldo pero allí se me fue como por el drenaje. Ni más ni menos. También pintamos de nuevo. Juré y perjuré que no la volvería a rentar y pese a que tuve una demanda importante y súplicas y ruegos de prospectos a renteros diciéndome que eran puntuales y formales y que nunca quedaban mal, cumplí mi juramento. Me convertí en un tipejo inflexible y descorazonado. Ahora la casa está prestada eso me favorece porque ya no tengo la preocupación del atraso en la renta.
Volviendo al asunto de las mujeres jóvenes, un poco más tarde, regresaron dos de ellas y la dueña de la casa ya las estaba esperando como habían quedado, para continuar la conversación que habían dejado inconclusa. Era necesario cerrar el tema, deliberar y no dejarlo pendiente. Las miré muy interesadas y metidas por lo que pensé que se trataba de una cuestión de cierta trascendencia. Ya sabemos; los hijos, los esposos, las vecinas, lo caro que está la vida; la muchacha tonta que se fue con el novio que es un vago de cuenta; la vecina que sin ser rica saca el sonido a la calle y la música se oye a varias decenas de metros de distancia y ojalá que fuera por una hora pero todavía se le escucha cantar, “tragos de amargo licor” ya acercándose la madrugada; el viejo enojón que vive por la misma calle y corre a los hijos de las tres mujeres porque hacen averías y perjuicios; y un día, para completar, le hicieron dengues y casi le bailaron una samba. La maltratada no se hizo esperar. También dijo, que las madres de los “chiquillos” no servían más que para el arguende y eso si duele… Además, que le importa. Sin embargo, los amenazó y eso si no se lo vamos a permitir pero tampoco le vamos a decir nada al marido porque es capaz de ir a buscarlo y darle por lo menos un empujón. Y luego llegó la vecina que es promotora del voto para un partido y que dice: ”luego no nos vayamos a arrepentir cuando estemos como en Venezuela”. A ninguna de las tres les hizo mella el comentario amenazante porque no saben nada de Venezuela y porque no les importa ni tantito así.
La conversación se prolongó por varias horas y es que resulta difícil agotar tantos temas. De una cosa estoy seguro, las tres damitas en ningún momento hablaron de política ni de nada que tenga el menor parecido con ella. Sus diálogos se centraron en asuntos más vitales y no porque no tuvieran una opinión propia sino porque simple y sencillamente ya estaban hartas de escuchar tonterías. Ellas no están amargadas de no haber sido electas para ninguna candidatura ni nunca se han planteado la posibilidad y no es porque no tengan la capacidad sino porque nadie va a voltear a verlas y porque para los dueños del poder político, ellas no cuentan; son únicamente la posibilidad de un voto a favor, un número, nada, un cero a la izquierda pero tienen una ventaja o varias: no pasarán angustias ni les darán calambres, ni desasosiegos y van a dormir sus noches completas, alejadas del insomnio y las reverberaciones de las preocupaciones por lo que dicen las encuestas que pagadas y todo no dejan de heredarnos el gusanito de la duda. Aunque, es probable que les gruñan las tripas y se les escape, como a todos, un gas inoportuno y aventurero pero es la noche y el único testigo puede ser, es el olfato también dormido.
Comienza a asomarse la noche y el sol se oculta por donde mismo y un poco más tarde, llegarán la oscuridad y la luna y con ellas el silencio y quizá una brisa suave. Está nublado y la lluvia aunque poca, ya cayó en la Nogalera y en la Cofradía de Suchitlán y, en esa zona, el aire es más fresco, la tierra está húmeda y bajando de allá, se devisa la Ciudad…no hay luces todavía, solo están el color gris de la tarde y el gris oscuro de las piedras y el canto acurrucado de las aves despidiéndose de la luz vespertina, casi sombra. Los árboles se mecen acunando los pájaros insomnes que sacuden sus plumas y esperan ansiosos el silencio oscuro de la noche que apenas viene.
Hoy es domingo y el cielo esta encapotado y “es bandera de niebla su poncho al viento” nos recuerda aquella canción que dice, “y el arriero va y el arriero va”. En varios lugares hay cierre de campaña y algunas candidatas y candidatos lo están haciendo en templetes espectaculares con luces multicolores y por eso mismo, aquello se convierte en un espectáculo y las personas acuden y gritan y agitan las banderas…se escuchan las matracas y un grupo musical espera el momento de subir a la tarima y deleitar al respetable. En cada cierre hay una o uno que dice que va a ganar y agradece las muestras de adhesión y cariño. Sonríe, siempre sonríe, porque no hay nada más importante y más agradable que una sonrisa sincera y franca. La gente, es decir los electores no merecen una mala cara, avinagrada.
Las mujeres del barrio a esta hora de la noche ya deben estar preparándose para dormir… están cansadas, el día ha sido muy largo y agotador tanto como la pobreza en que viven y han vivido desde que se acuerdan. A estas horas, si se maquillaron para ir al cierre y cenarse un buen pozole, ya deben estar despintadas pero satisfechas y todavía no saben y no lo han reflexionado suficiente porque ellas están fuera de cualquier aspiración que no sea que haya comida en los platos de sus hijos. Sí, están fuera y no saben ni tienen la menor idea “si estar fuera es tan grave como estar adentro”. También saben que las y los candidatos están más “estudiadas” y “estudiados” aunque Gabriel Saldívar y Silva da a conocer una copla que recogió y que dice así: ¡Ay! prietas color de piano que del rabo me trajeron, no me presuman de léidas, porque por ai me dijeron que hoy andan echando eructos y a lo mejor ni comieron.
Nota final: A la Licenciada Celina Oseguera Parra, la siguen tratando como lo que no es y requiere de nuestra oración y solidaridad. Gracias a todas y a todos.

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