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La bestia herida de muerte

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La sociedad mexicana tiene una nueva realidad democrática, que en función de estar cayendo los referentes convencionales, muchos no atinamos a comprender lo que está sucediendo y otros ya no comprenden la realidad porque su forma de percibir y de hacer la vida simplemente se está derrumbando.

Dentro del modelo de partido de Estado, liderado por el PRI, la vida política se entendía fácilmente en función de los actos que hacía o dejaba de hacer el presidente en turno. La política tenía mucho que ver con la vida palaciega. Un presidente quitaba o ponía gobernadores según los intereses de su grupo o de sus afines. Un gobernador, por tanto, era incapaz de actuar fuera de la órbita y los deseos del presidente. El poder era monolítico y los gobernadores tenían que tener la habilidad de saber leer el discurso y los actos del presidente en funciones y, de esta capacidad lectora, dependía su capacidad de actuar en consonancia y obtener mayor número de beneficios y sólo tenía que cuidarse de no tener desencuentros con el poder central (presidente) para no caer en desgracia.

Con la llegada del PAN (Vicente Fox) al poder las reglas siguieron siendo básicamente las mismas y su alianza política con el grupo corporativo de Elba Esther Gordillo (Snte) les dio el margen de movilización que necesitaban y abandonar su propuesta de ciudadanizar el poder.

Con el PAN los gobernadores tenían el margen de maniobra que les daba su habilidad para negociar con el presidente y éste los controlaba con base en el presupuesto. No olvidemos que el secretario de Hacienda fue impuesto por el anterior régimen priista lo que garantizó las mismas reglas torales para la negociación política.

Hoy los gobernadores tienen un margen de maniobra sin precedentes. Podemos decir que México se está reinventando como una verdadera república federal.

Un ejemplo de esto es la capacidad de los gobernadores de criticar y plantear cosas distintas al presidente sin que haya consecuencias. 

En la actual coyuntura de sanidad pública todos los gobernadores panistas más el emecista y el perredista han planteado cosas distintas al poder federal, por ejemplo, han propuesto y demandado la creación de un Nuevo Pacto Fiscal, para según ellos, hacer más justa la redistribución de los recurso fiscales de la federación; también proponen que el país se endeude vía Fondo Monetario Internacional para apoyar a los empresarios rapaces de siempre; además, proponen la condonación de impuestos a los empresarios ganones invariables. Todas estas propuestas contrarias a las acciones propuestas por el ejecutivo federal. 

Los analistas políticos tradicionales han interpretado los hechos con base en los antiguos precedentes corporativos, verticalistas y, por ende, palaciegos, proponiendo varias lecturas. Sostienen que se están movilizando ante la inmovilidad del Gobierno de la República y que ellos se han visto en la necesidad de actuar ante tal escenario y los reivindican como los héroes de la República, cosa totalmente falsa.

La sociedad en las redes social, según yo, le ha dado una muy buena interpretación a estos actos mediáticos de los gobernadores: los gobernadores solo están haciendo un berrinche porque no se les va dejar meter mano en la bolsa de recursos extras aplicables a la emergencia sanitaria; el plan b de los gobernadores ha sido optar por endeudar a sus estados, que lejos de buscar hacer finanzas por la vía de recuperar recursos desviados por anteriores administraciones o reestructura sus gastos actuales quitándole recursos a los gastos  superfluos se deciden por la vía fácil de endeudar a la sociedad y mandar al futuro el costo.

Los gobernadores se decidieron por hacer politiquería en lugar de hacer política y plantear esquemas alternativos al poder central. Las fotos de los gobernadores en fila posando para la historia (en Michoacán, en Coahuila, entre otras) los hace ver como lo que son: tipos acartonados y mediocres que sólo buscan hacer creer que algo están haciendo cuando no están haciendo nada, salvó, quejarse y exhibirse como lo dinosaurios al acecho del dinero de oportunidad.

Enrique Alfaro, en Jalisco, ya endeudó a su estado con 6 mil doscientos millones de pesos. El de Colima anda, que no lo calienta ni el sol, en busca de un crédito urgente para “salvar” a Colima.

Estos tipos no engañan a nadie, su ambición está a flor de piel. La sociedad está tomando nota. Hoy, en un México menos vertical y autoritario, han tenido la oportunidad de hacer política y la han dejado pasar. Su mediocridad es tan grande como su falta de imaginación para resolver los problemas. Sus gritos y sombrerazos son su histeria que no han sabido remontar su condición de burócratas del pasado. Se quedaron atrapados en los tiempos de la presidencia imperial a la que había que hacerle una leve presión para obtener lo deseado y luego desvivirse en carabanas con el principal de Palacio Nacional. Eso tiempos ya se fueron y no se han dado cuenta. Los gobernadores son bestias heridas de muerte que no saben adecuarse a la realidad actual que les demanda honradez y eficiencia, no más.

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