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En la pandemia, desaparece Leoncio Morán

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Escrito por: Josué N. de la Vega M.

Los momentos de crisis de sanidad y económica como la que vivimos ponen en el aparador a los diferentes actores en los que muestras sus habilidades, destrezas, debilidades o sus limitaciones, esto último es el caso del presidente municipal de Colima, Leoncio Morán, quien ante su inoperancia ha mostrado su estatura real; es un enano de tapanco, siempre proyectando una falsa imagen de firmeza, el de un individuo “entrón” para “solucionar” problemas. 

Su medio ha sido el grito y aleteo, es un trompo chillador como lo describe muy bien un amigo, es decir, es bueno para actos circenses y llamar la atención de la prensa, eso es todo; entre ellos, recordemos el que escenificó ante Mario Anguiano, en el jardín Libertad, exigiéndole devolviera 50 millones de pesos que había, según Morán, desfalcado al ayuntamiento de Colima. Otro caso, es el retiro que quiso hacer, siendo presidente municipal en funciones, de la figura obscena de la rotonda donde estaba ubicada. Actualmente recurre a los tribunales para inconformarse del decreto del ejecutivo federal de llevar a los militares y marinos a funciones de vigilancia civil. Nunca se compromete con las luchas populares: hizo mutis en el conflicto sindical de la Universidad de Colima. Calló en la lucha de los maestros democráticos contra la reforma punitiva de educación. Quiere imagen fácil, la de un político electorero no la de un luchador social que estaría en estos momentos enfrentando los problemas y buscando salidas que hicieran más transitable la crisis de sanidad que aqueja a Colima municipio.

Ese es su modus operandi. Siempre busca enfrentar a políticos jerárquicamente posesionados para obtener las ocho comunas de los diarios locales; es pura bravuconería y nada de buena esgrima argumentativa y compromiso social. Eventos como estos le han redituado dividendos electorales ante una ciudadanía despolitizada, dando la imagen de firmeza y valentía para enfrentar “obstáculos”. El verdadero L8 es un político artificial, construido con acciones de relumbrón donde no necesita mostrar dirección, habilidad y destreza en actividad política, en el sentido de convocar multitudes hacia proyectos comunes y capacidad para edificarlos. 

Como lo señalamos, en estos momentos de crisis es que emergen los verdaderos estadistas o desaparecen aquellos falsos políticos. Morán se ha evaporado del escenario al no tener los talantes necesarios. En su administración municipal ha cometido yerros imperdonables –como cerrar la procesadora de carne y el cambio de uso del Archivo Municipal- ha mostrado actitud corrupta –no ha puesto a consideración del cabildo a qué rubro canaliza los 20 millones que se ahorrará, según él, por el cierra de aquella-; muestra su falta de inteligencia para actuar y proponer soluciones a la crisis de sanidad y económica que nos afecta. 

No ha hecho nada para atender a los desempleados y precaristas y permitirles llevar alimento a su casa. La organización colimense Bloque Popular, en su programa de emergencia ante la pandemia (Facebook), propuso, en la situación actual, un cambio de giro al uso de la vieja terminal; nada se ha hecho. Ubicar un comedor o/y dormitorio para los desplazados de siempre dejaría en claro que Leoncio Morán y su gobierno tienen en consideración al grupo de los marginados y desempleados. Pero no es así. Su inoperancia es total para actuar, no para quejarse.

No tiene brújula. No acata las disposiciones emitidas por el gobierno estatal ni las del nivel federal, pero no hace propuesta alguna. Un día se suma al decreto del gobierno estatal al día siguiente se desmarca. El silencio y la falta de toma de decisiones es su característica. Deja al municipio al garete y para evadir cuentas, hace responsable a las personas del avance de la pandemia, cuando él es la primera autoridad sanitaria responsable del municipio.  

Hoy queda en evidencia la falta de actuación, de dirección y firmeza de Leoncio Morán Sánchez, para tender un gobierno municipal de ideas y enfrentar la pandemia. Este tipo de actuación deja de enseñanza que en fase post-coronavirus quienes deben tener la primera y última palabra son los de abajo: los dominados y explotados. Es momento de buscar nuevas rutas para edificar políticas en beneficio de los marginados, de los desposeídos, construyendo poder popular. Empecemos por el municipio de Colima.

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