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OPINIÓN

¿Salvar la economía o salvar a la gente?

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¿O salvamos la economía o salvamos a la gente? Ese es el dilema que el Covid-19  está planteando a los gobiernos actuales. Todos y cada uno de los actores políticos ya están tomando partido según su doctrina económica, filosofía política, filiaciones religiosas o visiones idiosincráticas.

Los fifís en México, con su ya clásico estilo histérico, han lanzado a la opinión pública sus propuestas de solución para enfrentar la crisis. Su visión filosófica, económica y política consiste en continuar con el círculo vicioso, que los ha enriquecido cada vez más, y que ha provocado el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres. Su solución es simple: pedir prestado al Fondo Monetario Internacional para rescatar a las empresas y a los bancos, dicho en otras palabras, rescatar a los mismos de siempre bajo la fórmula de convertir las perdidas en deuda pública y transferir el costo de la crisis a los trabajadores, es decir, que se trata de un rescate al sistema financiero conectado estructuralmente al modelo financiero liderado por los Estados Unidos. Y muy pomposamente le llaman Medidas Contracíclicas.

El gobierno de la República ha optado, por todo lo contrario, rescatar a los que menos tienen, es decir, hacer una realidad su consigna de “Primero los pobres”. Se trata de apoyar a los adultos mayores, personas con menores ingresos, propietarios de pequeños comercios y empresas chicas, apelando a la solidaridad de las empresas grandes para que moderen sus ganancias; en síntesis: inyectar inversión pública y privada, creación de empleos y austeridad republicana.

El modelo de rescate está basado en la proyección de la Secretaría de Salud, que coinciden con la Universidad de Oxford, que plantean que el impacto de la crisis será menor en la medida que se apliquen eficientemente medidas de bloqueo de la epidemia y que ésta sea ralentalizada para que no colapse el sistema de salud e impacte en forma mínima a la economía. Se trata de parar la economía un mes y evitar el crecimiento exponencial de la epidemia y poner en marcha la economía nuevamente. La apuesta es administrar la crisis de salud, que se presume será pasajera.

La solución propuesta por el actual gobierno de la República pretende, según observo: aprovechar la crisis para equipar los hospitales que estaban en el abandono; hacer el máximo de contrataciones temporales, que en el mediano plazo podrán ocupar las plazas en el sector saluda para abatir el déficit de médicos y enfermeras; reestructurar el sistema de salud y dotarlo de recursos que los neoliberales le habían negado, ya sea por la vía del saqueo o por la apuesta de su privatización por la vía del desmantelamiento. El objetivo es aprovechar la coyuntura, la crisis, y verla como una oportunidad para relanzar un sistema de salud público eficiente y de calidad.

El dilema es simple: o rescatamos lo material (la economía) o rescatamos a la gente (lo humano).

México decidió por lo humano.

De acuerdo con Mark Blyth de la revista Foreign Affeirs los Estados Unidos también tiene su singular dilema pues están entre lo que sostiene el Imperial College de Londres y la Universidad de Oxford. El colegio sostiene que los EE. UU. tendrán aproximadamente 2.2 millones de muertos si no paran su economía por varios meses; la universidad apoya la idea que el 40% ya se contagió y resistió al virus y que las sociedades lo podrán controlar con medidas de contención parciales sin paralizar la economía más allá de un mes.

Los gringos, al parecer, ha optado por una solución intermedia rescatarán temporalmente a las empresas, respaldará parcialmente el consumo y abandonarán el bloqueo de la economía tan pronto como sea posible. Trump y quienes lo rodean parecen estar dispuestos a apostar unos pocos millones de vidas para salvar sus activos, apostando a que el sistema de atención médica siempre podrá cuidar a la élite.

El inicio del acoso militar contra Venezuela es la construcción de la cortina de humo que los Estados Unidos necesita para esconder la tres cosas horrorosas que veremos de su sociedad en el corto y mediano plazos: su salvaje apuesta por lo material y la feroz reacción del capital financiero; los cientos de miles de muertos, o si acaso, millones de muertos que les dejará la epidemia y; su sistema de salud colapsado.

Mark Blyth concluye: el resto del mundo dejará de considerar a Estados Unidos como modelo para el crecimiento económico o como paradigma de cualquier otra cosa.

Los prianistas siguen insistiendo en un modelo de solución, a este tipo de crisis, que ya colapsó en su principal modelo de inspiración: los Estados Unidos. 

No cabe duda que esta pandemia puede significar para los mexicanos, si nos disciplinamos, en una gran oportunidad para resurgir de nuestra propia cultura milenaria. Hacerla válida en tiempos difíciles 

Por lo pronto el gobierno de la República ya rompió el viejo esquema de crisis-deuda-pobreza. Decir no a la deuda es un no a los circuitos internacionales del capital financiero que ya colapsaron en los EE.UU.

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