Con los ojos en la cara. La caja de Pandora

Escrito por:  Mtro. Ramiro Cisneros García*

Zeus bajó del Olimpo donde tenía sus divinos aposentos por ser ese lugar la sede en que vivían los dioses más prestigiados y afamados porque es conveniente que sepamos que los había de primera y de segunda categoría. Allá vivían pensando y maquinando travesuras para hacer sufrir a los hombres en este valle de lágrimas que es la tierra. Zeus que vivía con todas las comodidades, de repente se molestaba porque los hombres por alguna razón sentimos la necesidad de equipararnos a los dioses y los desafiamos aunque paguemos caras, muy caras las consecuencias de nuestra soberbia ya que, hay dioses que son muy vengativos y por lo mismo reaccionan con virulencia hacia aquellos que tienen la osadía de tratar de ser como ellos. Un día que Zeus andaba de muy mal humor como luego andamos los mexicanos ahora con la terrible impunidad y corrupción en todos los ámbitos de la vida nacional, especialmente con los exgobernadores ahora presos o huyendo aunque otros se pasean campantes sin importarles el qué dirán. Se dice que estamos hartos y ese hartazgo preocupa y hasta somos invitados a razonar nuestro voto por personajes muy importantes, por el dinero y las empresas que tienen. Dicen, suplican y hasta ordenan a no sufragar con el hígado, es decir con el enojo porque eso no nos conviene a nadie. Para que las elecciones sean exitosas se requiere andar de buen humor. Ese día, como ya se  dijo, Zeus dejó el Olimpo por unos  momentos y fue a visitar a su hijo Hefesto quien era herrero y tenía su negocio en una cueva oscura y subterránea. Siempre tenía la fragua al rojo vivo por tener el fuego encendido. El calor era insoportable, casi como el que estamos padeciendo estos días de mayo y junio. Hefesto, tenía  especialidad en hacer cadenas para los hombres, herraduras para los caballos, menos para Pegaso que era un caballo con alas y que hacía piruetas en el aire y también daba chacamotas  EL herrero cuasi-dios hacía espadas y cascos para los guerreros. Dicen quienes lo conocieron, que era cojo y más feo que un pleito a puñetes (con puñal) y por lo general, recibía pocas visitas, casi siempre mediante cita porque tenía la agenda muy apretada con eso de tantas guerras activas, las frías y las que estaban por comenzar. Solamente que, en esta ocasión, se trataba de su padre y él podía entrar cuando se le pegara la gana por el simple hecho de ser quien era.  Zeus se veía molesto  y su expresión era de total enojo y de perturbación por un grave disgusto que no les faltan ni a los dioses pese a su divino estatus. Dijo Zeus: “pinche Prometeo, nos engañó y les regresó el fuego a los hombres; ganas no me faltan de agarrarlo a…pero me contengo y yo mismo me digo”: “detente Zeus, te conozco”. Hefesto que no era de conversaciones largas y que tendía a la soledad, le dijo a su papá, “dime que puedo hacer para que te contentes, no me gusta verte de malas” y Zeus, frotándose las manos y relamiéndose, le  contestó esbozando al mismo tiempo una sonrisa malévola, dijo: “quiero que me crees una mujer porque la voy a utilizar para vengarme de los hombres; ha de ser hermosa como Afrodita”. Tienes que echarle ganas porque ya sabes que soy exigente y que no me gustan las cosas malhechas. El herrero que para  hacer trabajos bajo pedido se pintaba solo;  con arcilla modeló una figura de belleza excelsa, deslumbrante, despampanante y hasta sexi. Zeus sentado, observaba con emoción la destreza de su hijo y por supuesto,  permaneció allí hasta ver el  resultado por cierto  satisfactorio. Una vez que miró tanta perfección y gracia dijo: se llamará Pandora porque llevará todos los dones que se puedan imaginar… (Pandora procede etimológicamente de las palabras “pan” que significa, todo y “doron” regalo pero que en plural es dora, los regalos). Zeus  seguía maravillado y pasmado de la habilidad casi mágica de Hefesto. Llamó a los cuatro vientos, una vez terminada la obra, porque se requería un soplo perfecto: el Viento del Norte, el frío; el Viento del Sur, el calor; el Viento del Este, penas y alegrías y el Viento del Oeste, Palabras. Los cuatro soplaron hasta quedar exhaustos. Fueron convocados también los dioses y además, convencidos por Zeus de que le darían todos los dones; desfilaron casi como en una pasarela y de uno por uno y en bola, le dieron: la gracia, la dulzura, la inteligencia, la habilidad para tejer y para labrar la tierra; la fertilidad para tener hijos; buena voz para cantar, una sonrisa amable y muchas cualidades más… Pero,  Zeus con una sonrisa casi perversa y demoniaca dibujada en su divina boca le dio una caja que la mujer le recibió agradecida. “Es bonita”,  dijo Pandora cuando la observó y preguntó ¿qué contiene? Será mejor que no lo sepas y debes prometerme que nunca la abrirás. “Nunca”, dijo ella. Zeus en un momento de distracción de la primera mujer, sopló en dirección y casi sobre ella y le infundió la curiosidad. Pensó, listo. Terminado el asunto, Hermes la llevó a la tierra y la dejó, premeditadamente a la puerta del Titán, Epimeteo, hermano de Prometeo. Al verla el Titán que era medio atarantado e ingenuo, se enamoró de ella. Prometeo le dijo, “si te casas con ella no te traerá nada bueno”. Pero, nosotros sabemos, amabilísimo lector de “Con los ojos en la cara”, lo que es el enamoramiento y como éste nos  puede llevar a desbarrar y a desbarrancarnos. Ante el enamoramiento, es inútil  cualquier argumento por aquello de que el amor es ciego y, a veces, sordo y mudo y, nubla y oscurece la razón y todos los  razonamientos por contundentes que sean, no funcionan. Presa de la curiosidad de la cual ya sabemos, mató al gato y antes  engatusó a Eva, quien arteramente fue engañada, ni más ni menos que en el paraíso terrenal por medio del ardid de una  serpiente maligna y pervertidora. Epimeteo, se casó, no sabemos si con bombo y maraca con Pandora, desoyendo a su carnal Prometeo. Lo que sí sabemos es que estaba muy enamorado. La cajita seguía cerrada pero la curiosidad estaba presente. La curiosidad, es ese afán incontrolable de saber qué es lo que hay detrás de esa puerta, ese muro; qué hay debajo de la tierra; qué asunto trae “X” que anda misterioso y desconfiado; qué cosa habrá dicho “la fulana” que hace días me mira con recelo pero sonríe como burlándose; como le habrá hecho para conseguir lo que consiguió. De qué cosa habló con el Jefe… Así, la curiosidad que en muchos casos es malsana nos va conduciendo a indagar, investigar para que nadie nos cuente, para que no nos platiquen de segunda mano. El asunto es que,  ya despertado el interés y acompañado de una buena dosis de morbo, esa necesidad de abrir algo,  de trasponer fronteras nos va invadiendo y creciendo hasta que es  prácticamente incontrolable. Finalmente y para no hacerla de emoción y más larga, ya totalmente desquiciados e invadidos por la curiosidad  mordemos la manzana del árbol del bien y del mal. Pandora no pudo más y… abrió la caja y al momento de abrirla, salieron todos los males y hasta los cuatro jinetes del Apocalipsis y entonces y solo entonces, la tierra, el edén que era maravilloso fue poseído por los demonios  que se agitaban como un poseso y  todos los demonios habidos y por haber hacían de este mundo su reino y también el caos. De esa caja, salieron  el hambre, las enfermedades, las pestes, la guerra, el trabajo asalariado y mal pagado que  no rebasa los noventa pesos. De allí salieron también, las campañas políticas, los partidos, las callejoneadas,  el engaño a los electores, las amenazas, las promesas incumplidas; las promesas de los paraísos en esta tierra que se ha convertido en un paridero de injusticias, desigualdades y abusos. De allí de esa cajita dorada, salieron los matones a sueldo, las drogas, los carteles y las luchas por las plazas. También emergieron los paraísos fiscales; los dictadores, los tiranos, los malos actores; las telenovelas, el lloriqueo, el moqueo; los candidatos que lo mismo les da un color que otro, convencidos de que allí está la papa y de que “si no es ahora, cuando”  y que una beca por tres años es muy agradable conseguirla a como dé lugar. De allí, de esa cajita que parecía inofensiva salieron los que dejaron a este  país temblando y que en plena euforia gritan: “no te acabes México”. Ah,  pues cuando Pandora abrió la caja y vio todo lo que había ocasionado, quiso cerrarla y lo único que quedaba allí, era la esperanza, esa que luego se dice, ”muere al último”. Mientras tanto, Zeus se chisporroteaba de risa hasta  que le salieron unas lágrimas de tanto reír y se arrastraba  en el olímpico lugar de descanso con una caguama en la divina y mítica mano. Volvía a celebrar que les iría muy mal a los hombres porque, de no haber abierto la cajita aquella, estaríamos totalmente a salvo de turicatas, garrapatas, salsahuates,  güinas, alacranes, arañas capulinas y panteoneras, tepocatas, zancudos y toda la gama de enfermedades  que azotan a la humanidad que no soporta las terribles calenturas que acompañan al dengue, al zica y al terrible chiconguya que deja lisiada a muchas personas y con secuelas terribles e incurables.

De no haber sido por Zeus y por Pandora, no conoceríamos  la carestía ni las especulaciones y mucho menos el alza de precios, la fuga de capitales y los monopolios de casi todo. No habría alza de gasolina ni reformas de ningún tipo. Tampoco conoceríamos a los ministerios públicos a modo ni a los jueces ni a los que abren puertas y facilitan las fugas de lugares inexpugnables y mucho menos a los que se dedican a crear verdades históricas y a buscar y encontrar chivas y chivos expiatorios mucho tiempo antes de que se lleven a cabo las fugas. No habría esos cerebros torcidos ni víctimas inocentes.

De esa caja que parecía tan inofensiva salieron la ambición en todas sus manifestaciones y el poder. Este último, se repartió a todo tipo  personas: líderes de cualquier calidad moral y ética. Los líderes, como solos no pueden con el paquete, reparten  y comparten su poder y entonces el poder recibido en un papel  con el sello real es casi exactamente lo mismo que una caja de Pandora,  es un regalo inmerecido porque allí viene un nombramiento. Los incorruptos colaboradores al abrir el sobre con el nombramiento  se dan cuenta que allí están en ese que parece un simple papel, una partecita de poder y en ese sobrecito  lacrado y sellado están la prepotencia, la altanería, el aquí yo mando y otro sobrecito que dice: “por los siglos de los siglos” es decir, vitalicio. Y entonces aquella persona, antaño servicial, comprometida, de pronto y como por arte de magia, asume una actitud hasta entonces desconocida y se dedica a hacer lo que le da la gana, pasando por encima de sus antes “queridos compañeros”. Se sabe en otro nivel y sabe también causar buena impresión  a los que están más arriba de él o ella.  Cuando está solo se dice, yo no sabía que yo era un estuche de monerías y que era capaz de llegar tan lejos. Gracias a mi líder que me descubrió y que cuando supo de mis hechuras me dio un abrazo y me dijo: “todavía eres un diamante en bruto; estoy seguro que llegarás  muy lejos si continuas así”. Eso lo recuerdo como un sueño pero todavía estoy aquí y sigo soñando con ser el mero mero

Pasado el tiempo, inexplicablemente, llegó otro  con un sobrecito parecido al  del primer lidercito y allí le decían lo mismo y entonces asumió su pequeño poder con pasión. Sin embargo el líder que ya iba de salida no quería irse, se acostumbró y justo ahora que se las sabe de todas, todas  le dan machetazo al caballo de espadas pero todavía no hay nada perdido, “mi líder me  escuchará y comprenderá que yo no puedo regresar a donde estaba simple y sencillamente porque eso no es ni correcto y mucho menos justo. Di mis mejores años y fui leal acatando todo lo que se me ordenaba estuviera bien o mal.

De aquella caja, la de Pandora salieron todos los demonios y los espíritus cimarrones y chocarreros. Todavía no hay manera de regresarlos a la pequeña  urna. Más aún, tengo la impresión de que se han multiplicado  y diversificado y hasta creo que se han infiltrado en los medios de comunicación masiva y que hacen falta personajes que les digan a los mercenarios de la comunicación y dueños absolutos de la verdad: “Cálale”. Esos también salieron pero de la caja que idiotiza y que no es precisamente una cajita musical de esas que hacen:  tín tinn, tín. Tan  tan.

  • Asesor en la Escuela de Trabajo Social Vasco de Quiroga

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