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OPINIÓN

Un día de amor, 14 de febrero

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Por Federico López Ramírez

Valentín Campa Salazar nació un domingo 14 de febrero de 1904 en Monterrey, Nuevo León, en el seno de una familia pequeña de comerciantes e hizo sus estudios de enseñanza primaria en Torreón Coahuila.  Fue testigo de violentas y bandidescas acciones de la Revolución Mexicana. Cuando él quiso combatir al general John J. Pershing  (Expedición  Punitiva contra Villa, 1916), no se le permitió, por su temprana edad, darse de alta en el Ejército Mexicano. Hacia 1920 pasó a vivir en Madero, Tamaulipas, donde laboró como trabajador petrolero, y al poco tiempo alcanzó el puesto de obrero calificado. Trabajó en la compañía La Corona como fogonero de fijas y de grúas. En 1925, al trasladarse a Ciudad Victoria, se convirtió en dirigente del sindicalismo ferroviario y participó activamente en las movilizaciones pro Sacco y Vanzetti.

Nacío exactamente el mismo día que nació Roosevelt, presidente norteamericano que se caracterizó por su lucha feroz contra la corrupción, el dominio de los monopolios e impulsó la regulación de las empresas.

En la huelga ferrocarrilera de 1927 participó destacadamente, al grado que, Plutarco Elías Calles ordenó su fusilamiento, pero Emilio Portes Gil, que era enemigo de Luis N. Morones, el líder de la Confederación Regional Obrera Mexicana, le salvó la vida. A Valentín únicamente lo detuvieron y golpearon.

Desde 1927 hasta 1976, Valentín Campa, sólo permaneció sin ninguna detención en el gobierno de Lázaro Cárdenas. 

En diciembre de 1958, el sindicato planteó a la empresa la revisión del contrato colectivo, sin embargo, la empresa negó todas sus peticiones. Ante esto, la huelga ferrocarrilera fue declarada inexistente y de ahí se desencadeno un conflicto laboral, económico y político que marcaría a la sociedad mexicana.

Demetrio Vallejo y Valentín Campa, a raíz de la huelga, fueron injustamente encarcelados y estuvieron diez años en prisión, hasta que fueron liberados por el movimiento estudiantil de 1968. Les aplicaron, a ellos, la verdadera ley garrote eufemísticamente llamada de “disolución social”. Hoy algunos derechairos berrean y se ponen histéricos por una “ley garrote”, que en lo que va del régimen no se ha aplicado. Ellos olvidan: la represión y el abuso de mujeres en San Salvador Atenco;  la masacre en Tanhuato, Michoacán; los horrores de San Pedro Limón Tlatlaya y Ayotizinapan. Nosotros no lo olvidamos porque son fieles recordatorio de las políticas de Fox, Calderón y Peña de su versión 2.0 de la ley garrote o de disolución social.

La histórica aportación de Campa a la sociedad mexicana es su lucha estoica por la democracia y la justicia social en México. A pesar de haber sufrido la represión en carne viva él tuvo la valentía de resistir y de no guardar rencor en su corazón. 

Valentín Campa, junto con Arnoldo Martínez Verdugo,  a pesar de la violencia, del cierre de espacio políticos, de la represión y lo duro del régimen autoritario posrevolucionario decidieron luchar pacíficamente por transformar el régimen antidemocrático, corrupto y violento del Prian.

Él fue uno de los precursores del actual cambio pacífico que estamos viviendo y que la derecha pretende imprimirle su sello de violencia a través de, hasta hora, fallidos intentos de golpes de Estado. 

El último intento malogrado fue la Caminata por la Verdad, Justicia y Paz, encabezada por Javier Sicilia y la familia LeBarón, que puso en evidencia que ellos no pretenden la paz ni la verdad pues buscan, con base en un eufemismo disfrazado de pacifismo, imponer nuevamente la lógica de la guerra y, yo diría algo más, pretenden ser la punta de lanza del golpe de Estado blando, es decir, socavar la credibilidad del régimen actual, que según ellos, les está arrebatando privilegios.

La invitación de los LeBarón a una futuro marcha “contra la violencia” en Guanajuato pone en evidencia tres cosas de lo inmediato: uno, Javier Sicilia perdió ya toda credibilidad y, por ende, poder de convocatoria, no les sirve más a los fifís; dos, la derecha derrotada está dispuesta a incendiar incluso al país si es necesario para recuperar el poder y restaurar sus privilegios y; tres, encontraron en la violencia una veta, con sustento real, para convocar a la protesta. Su estrategia es clara: la paz no les interesa y la guerra es su única lógica para aglutinar consensos, a cualquier precio, para recuperar el poder.

Los LeBarón ya descubrieron que pueden lucrar con la tragedia. Nos veden su dolor y nos ofrecen guerra para calmar su dolor a costa de más dolor. Según ellos –uno lo puede inferir-, el sacrificio de sus familiares exige la muerte de más mexicanos.

Se les olvida una cosa muy importante, que  más de la mitad de los muertos diarios en nuestro país se concentran en tres estados: Guanajuato, Jalisco y Veracruz. No olvidemos que Guanajuato está gobernado por el PAN, Jalisco por Movimiento Ciudadano y Veracruz por Morena, y que, solo Guanajuato concentra el 20% de los muertos registrados a nivel nacional. Esto quiere decir que los panistas y emecistas son quienes más incompetentes se han mostrado en el ejercicio del poder. Son ellos el problema. La próxima  protesta “contra la violencia” en Guanajuato al final de cuentas se convertirá en una protesta contra los partidarios de la guerra –yo me atrevo a pronosticarlo-.

El día 31 de enero los gobernadores panistas cedieron y se incorporaron al nuevo Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI). Este gesto demuestra que los gobernadores son unos fantoches que tan sólo buscan continuar de otra forma la guerra (vía política) e intentar hacer fracasar al nuevo régimen, sin embargo, vuelven a zozobrar.

Los ciudadanos al no apoyar estas estrategias probeligerantes se inscriben dentro de una tendencia pacifista y pro México. 

El catorce de febrero Valentín Campa Salazar cumpliría 116 años de edad. Campa fue grande porque luchó por la democracia y un país más justo. Su sacrificio que le costó su libertad, pues muchos años de su vida los pasó en la cárcel y sufrió violencia del régimen autoritario, sin embargo, fue capaz de perdonar y vivir sin rencores. En su tiempo muchos luchadores sociales –valientes luchadores sociales- optaron por la vía de la violencia revolucionaria, Valentín no. Fue duramente criticado por ello. La historia le dio la razón. Hoy estamos viviendo una etapa de transformaciones del país en forma aterciopelada, sin violencia, gracias a muchos luchadores, entre ellos, Valentín. Curiosamente Valentín nación un 14 de febrero e hizo honor a la fecha de su nacimiento y, en consecuencia, su vida fue un acto de amor hacia los obreros en particular y los mexicanos en general.

No conocí personalmente a Valentín, sin embargo, muchas veces me los encontré en los pasillos del edificio nacional del Partido Socialista Unificado de México (Psum) conversando con Arnoldo Martínez o Pablo Gómez y fui testigo del cariño y admiración que la gente le tenía.

Fotografía: Federico López, autor.

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