Edición: 16 de Julio del 2010 - Ver última edición
Impotencia sexual (Disfunción eréctil)
M.N. Profr. Rubén Alcántar

 Primera parte

La disfunción eréctil se define como la incapacidad en el varón para conseguir y sostener una erección que facilite el acto sexual. Para que pueda erguirse el pene, requiere de la labor conjunta de los vasos sanguíneos, las hormonas y el sistema nervioso. En un hombre con secreción hormonal estable el estímulo nervioso provoca el relajamiento de la musculatura lisa del cuerpo cavernoso y el aumento de la fluidez de la sangre en las arterias que irrigan este órgano. Así, se produce el llenado sanguíneo masivo de los cuerpos cavernosos (dos tejidos esponjosos y eréctiles ubicados a los costados de la línea media del pene), la hinchazón y el endurecimiento del miembro.
En determinadas circunstancias la erección puede prolongarse durante toda la vida, pero en la mayoría de los casos declina con la edad. Existen pocos estudios relacionados con su origen, sin embargo el más próximo a este intento está el de Massachusetts Male Aging Study, en el que se advierte que los hombres que oscilan entre los 40 y 70 años presentan, en el 52% de los casos, algún grado de disfunción, que llega a ser completa en el 10% de todos ellos: hacia los 50 años, el 50%; a los 60 años, el 57%, y a los 70 años, el 66%. Los principales factores de riego son la diabetes mellitus, la hipertensión, las enfermedades del corazón y el tabaquismo. El origen del trastorno puede ser orgánico o psicológico. En este último no hay disturbios anatómicos, pero sí una alteración de tipo psíquico. El 90% de las disfunciones eréctiles corresponden a la primera causa: por un abasto deficiente de flujo sanguíneo, entre el 30-50%; neurológico, entre 2-7%; endocrina, el 6.45%; por el consumo de medicamentos, entre 30-40%; por diabetes, entre 2-20%.
En los hombres adultos, mayores de 40 años, el origen más común deriva de un daño físico; en los adolescentes y jóvenes, de los conflictos psicológicos. En la medida en que el varón avanza en la edad, en esa misma proporción aparece el detrimento funcional del pene, aunque en términos reales no se acepte como una fase anormal la evolución hacia la madurez. La disfunción eréctil no se hace presente por la suma de los años, sino por una serie de trastornos colaterales acumulados a lo largo de la vida. Para que el pene pueda inflamarse y mantenerse erguido durante el coito requiere de un abasto suficiente de sangre, pero si existe una alteración en los vasos sanguíneos, entre ellos la presencia de un ateroma (una placa llena de una sustancia blanda parecida al requesón, formada por diversas materias grasas, principalmente por colesterol), puede inducir a una disfunción eréctil. Una cirugía de los vasos sanguíneos que obstruya el libre tránsito de la sangre en las arterias que alimentan este órgano o la presencia de un coágulo de gran tamaño en las mismas vías son situaciones que también conducen a la impotencia. Por encima del 70% de los varones que atraviesan por una disfunción eréctil, en los que su secreción hormonal y su sistema nervioso se ubican dentro de los parámetros considerados normales, la sangre ingresa al pene con suma facilidad, sin embargo ésta abandona los cuerpos cavernosos con la misma rapidez con que entra.
Cuando la ramificación nerviosa que se desplaza hacia dentro y hacia fuera del pene se ve alterada por una lesión de la médula espinal, por diabetes mellitus, la más importante, por esclerosis múltiple y derrames cerebrales o por el consumo prolongado de fármacos, la disfunción tiende a manifestarse. Los individuos diabéticos son propensos a enfrentar con frecuencia este tipo de evento por la susceptibilidad a desarrollar, a partir de la diabetes mellitus, una polineuropatía (un deterioro funcional simultáneo de diversos nervios periféricos, que van acompañados de una sensación dolorosa, hormigueo y quemazón en pies y manos). Las cirugías de próstata y recto pueden dejar como secuela una lesión en los nervios controladores del pene.
La ingesta de larga duración de algunos medicamentos repercute en alrededor del 35% de los casos de disfunción eréctil, sobre todo en los hombres de edad madura. La lista de fármacos relacionados con esta anormalidad es extensa, pero sobresalen de manera especial todos los antihipertensivos, de empleo en las personas con una presión arterial elevada: bendroflumetiazida, clorotiazida, hidroflumetiazida, indapamina, metolazona, politiazida, quinetazona; atenolol, betaxolol, esmolol, metoprolol, propranolol, timolol y todos los de esta generación. Los antidepresivos, de uso común en las crisis depresivas moderadas y profundas: imipramina, amitriptilina, nortriptilina, protriptilina, disipramina, doxepina; también un grupo de fármacos similares a los anteriores, entre ellos trazodona, venlafaxina, bupropión y maprotilina; y los llamados IMAO, como fenelzina, tranilcipromina, isocarboxazida, etc. Entre los antipsicóticos, fármacos que se recetan para tratar las alucinaciones, los delirios, el pensamiento desorganizado y la agresividad, pero también para los casos de esquizofrenia y demencia, destacan clorpromacina, flufenacina, haloperidol, perfenacina, tioridacina y clozapina. Algunos sedantes o hipnóticos, medicamentos dirigidos contra los síntomas de la ansiedad, en particular las benzodiacepinas como alprazolam, fluracepam, clordiacepóxido, diacepam, loracepam, oxacepam, temacepam, triazolam. Además, el litio y la cimetidina. El primero es un metal alcalino presente en la naturaleza que los profesionales expertos en trastornos del humor prescriben a individuos con manía, hipomanía y en la enfermedad maniacodepresiva; el segundo se ingiere en casos de úlceras de estómago y duodeno.
Otra de las causas de disfunción eréctil tiene sus raíces en una perturbación de tipo psicológico: las diferencias con la compañera, el rechazo hacia ella por rencores añejos insuperados, la monotonía durante el acto sexual, culpabilidad, depresión; temor a volcarse y perder el control o a que la otra persona se vuelva imprescindible a partir de ese momento, la sensación de verse en el intercambio erótico más como un espectador que como un ser actuante, traumas sexuales que se originaron en el pasado inmediato o lejano, entre ellos un fracaso sexual, violación, y en este sentido una ambivalencia con relación a la orientación sexual, la ansiedad que genera la duda de cómo comportarse durante el coito, abuso sexual. A veces, en eventos aislados, la disfunción resulta por la presencia de unos niveles bajos de testosterona. Pero cuando los valores normales de esta hormona masculina descienden, rasgo muy común en la etapa de envejecimiento, el impacto está dirigido más directamente a producir una merma en el deseo sexual que a provocar la incapacidad de tener y mantener una erección.
En el interrogatorio, durante la consulta, el médico puede empezar por preguntar al paciente por las manifestaciones que experimenta con el propósito de hacer un acopio de toda la información que conduzca a determinar con certeza que en realidad se trata de una disfunción eréctil y no de un trastorno de la función sexual, como aversión sexual, disminución del deseo sexual, eyaculación precoz o eyaculación retardada. En la búsqueda, el facultativo deseará saber si junto al deseo sexual hay una total y satisfactoria dureza del pene que concluya en un coito exitoso, pero también le interesará conocer si en el transcurso de las horas nocturnas o al levantarse de la cama por la mañana muestra una erección instantánea o de duración más o menos larga. El profesional de la salud puede inferir si el origen del deterioro proviene de una lesión física o de una alteración de tipo psicológico con la aportación de estos datos.
Más adelante, en la misma secuencia de la entrevista, el paciente recordará si en el pasado, casi siempre en el inmediato, fue sometido a una intervención quirúrgica: de próstata, por un cáncer o por una hiperplasia benigna de este órgano; de recto, por hemorroides internas en las que el procedimiento se dio mediante un corte o por la aplicación de corriente eléctrica (electrocoagulación), por abscesos y fístula anorrectales; de vasos sanguíneos, como la cirugía de derivación de las arterias del corazón cuando existe una angina de pecho grave, pero sobre todo por la maniobra angioplastia, que se instala cuando una persona tiene mala circulación de brazos o de piernas, es decir, ante una claudicación intermitente; de pelvis, como consecuencia de una accidente en el que hubo una fractura de esta región, por ejemplo. Una exploración externa por parte del médico puede determinar la posible presencia de alteraciones de los caracteres masculinos: un crecimiento anormal de los testículos, el pene o las mamas, o una modificación en el timbre de voz, en la textura de cabello y piel. El paciente está obligado a asumir una actitud honesta y transmitir a su interlocutor si es adicto a las drogas o consume alcohol en exceso, si durante los últimos meses ha estado sometido a estrés como resultado de un cambio de compañera o de empleo, también si ha atravesado por episodios depresivos o de ansiedad.
Otra de las causas de impotencia se relaciona con los niveles bajos de la hormona masculina testosterona; cuando esto ocurre, el afectado experimenta la caída del vello púbico, sus testículos se vuelven flácidos y reducen su tamaño y, además, le crecen las mamas. Para confirmar esta sospecha, mediante una muestra de sangre se obtienen los valores totales de testosterona y qué cantidad de ésta es utilizable. En el seguimiento hacia nuevas pistas, se puede hacer un recuento de los nervios que se extienden hacia el pene y determinar si están en la cantidad indispensable; para corroborar una posible obstrucción de las arterias de la ingle y de la pelvis, que son los vasos sanguíneos que trasportan la sangre hacia el interior del pene, con medir la presión arterial de las piernas puede despejarse la duda; a través de un ultrasonido se puede apreciar el estado que conservan las arterias del pene.






IMPOTENCIA SEXUAL
(Disfunción eréctil)
Segunda y última parte

M.N. Profr. Rubén Alcántar

Un estudio adicional que se pone en práctica es la aplicación de una inyección directa a los cuerpos cavernosos que contiene sustancias capaces de favorecer el ensanchamiento de las arterias del pene: al término de 10 ó 15 minutos tiene lugar la erección y el individuo puede sostenerla hasta por 60 minutos más; de no ser así, se puede inferir que hay pérdidas en las venas del pene o que éstas adolecen de las condiciones necesarias para contener dentro del pene el flujo sanguíneo. A veces la disfunción eréctil está propiciada por un funcionamiento anormal de la glándula tiroides, en un nivel bajo o alto de actividad, por la diabetes mellitus en personas no diagnosticadas y asintomáticas, por infección y anemia. Un estudio sencillo de sangre puede revelar la existencia o la ausencia de cualquiera de los anteriores trastornos.

A pesar de que durante los últimos años se ha intentado poner en práctica una cirugía que restaure el flujo permanente de sangre hacia el pene, lo cierto es que este procedimiento todavía continúa dando tropiezos. Sin embargo la disfunción eréctil puede corregirse, en la mayoría de los casos, sin el auxilio de una intervención quirúrgica. La terapia o la maniobra que se implemente deberá estar en función directa de la causa o las causas que determinan la alteración y de las condiciones físicas, psicológicas, sociales y ambientales de la persona que la recibirá.

Los especialistas en este tipo de trastorno (no psicólogos, por supuesto) recurren, en un número significativo de casos, a la utilización de vendajes y de aparatos de vacío con el propósito que la persona afectada consiga y sostenga una erección que le permita arribar a una relación sexual satisfactoria. A veces sin importar que estos procedimientos no sean aptos para individuos que atraviesan por complicaciones hemorrágicas o consuman medicamentos para evitar la coagulación de la sangre, como acenocumarol, heparina, enoxaparina, nadroparina o cumarina. Los vendajes, constituidos principalmente por bandas y anillos fabricados de piel, metal o goma, se insertan en la raíz del pene con la finalidad de que la sangre permanezca durante más tiempo dentro de las arterias de este órgano. Los aparatos o dispositivos de vacío están provistos de una cámara hueca y de manera opcional y complementaria por una bomba, por una jeringa o por un tubo; se instala a lo largo de la flacidez del pene y se propicia el vacío mediante el empleo de la bomba o de la jeringa o por succión con el tubo, todo dependerá de las características del instrumento. La fuerza ejercida por el vacío contribuye a que la sangre fluya hacia las arterias que irrigan el pene. Después de que éste ha alcanzado su ensanchamiento y dureza, para impedir que la sangre escape por las venas se acondiciona un vendaje. Por este medio se puede conseguir y sostener una erección de aproximadamente treinta minutos.

En algunas circunstancias, sobre todo cuando el vendaje se comprime más de lo indispensable, la maniobra desencadena una eyaculación retardada o la nulifica. Ante este inconveniente, y para evitar una lesión de mayor envergadura, el usuario sólo dispone de 30 minutos para mantenerse unido al aparato, no más. El uso repetido de los artefactos de vacío en lapsos muy cortos casi siempre producen hematomas, es decir, moretes. Aunque los dos mecanismos presentan las anteriores variantes, reúnen las condiciones de seguridad y efectividad. Sin embargo, en caso de una ligera disfunción eréctil bastaría la colocación de un sencillo vendaje. Un medio más disponible se encuentra en la aplicación directa en el tejido eréctil del pene de inyecciones que contengan sustancias como alprostadil; el procedimiento lo realiza la misma persona. La rigidez del pene empieza a dar señales en un lapso de 5 a 10 minutos y su vida activa no va más allá de una hora. Pero, como lo veremos más adelante cuando tratemos el tema de los efectos secundario de los medicamentos, el atrevimiento implica un alto costo; no me refiero al costo económico, sino al físico.

Un número muy limitado de fármacos producen una mejoría de la disfunción eréctil, pero ninguno de ellos ha probado hasta ahora una efectividad real y prometedora. Ante los fracasos repetidos en el empleo de las maniobras ya descritas, el médico a veces recurre a la instalación de prótesis o de implantes peneales fijos, porque pueden ser de bastante provecho en algunos casos. Estos últimos suelen aportar ventajas considerables, sobre todo cuando se trata de una disfunción eréctil total y permanente derivada de una lesión del sistema nervioso central ante una diabetes mellitus en evolución acelerada.

Cuando la disfunción eréctil es ocasionada por una alteración psicológica, la recomendación más acertada consiste en poner en práctica el método de sensibilización focal en tres estadios de Masters y Johnson. En el primer estadio o fase se le da importancia relevante al juego de las caricias: la exigencia máxima estriba en que la pareja debe orientar sus cinco sentidos a procurar un placer mutuo, pero sin llegar a estimularse las áreas genitales. En el segundo estadio se admite que los genitales y otras zonas erógenas sean palpadas, sin embargo el acto sexual no podrá realizarse. En el tercer estadio debe estar presente la idea de llegar al coito. Para poder efectuar de manera satisfactoria todo el proceso de esta técnica, los involucrados deberán experimentar un estado de comodidad y entera satisfacción en cada fase antes de saltar a la otra. Si después de haber recorrido los estadios elementales de este método sin que se haya logrado un resultado óptimo, tal vez sea de gran utilidad una terapia psicológica de pareja.

Efectos secundarios de los medicamentos.- Como se dijo anteriormente, ninguno de los fármacos empleados hasta ahora en la disfunción eréctil ha probado ser una vía de solución al problema, producen cierto alivio, pero dejan en cambio una serie infinita de reacciones secundarias. Frente a una impotencia leve o moderada, es decir, cuando el individuo presenta erección durante las horas nocturnas, tal vez el médico se incline por la aplicación en los cuerpos cavernosos de una inyección que contenga, de manera individual o combinada, papaverina, fentolamina o alprostadil (prostaglandina E1).

La papaverina, aunque es un alcaloide opiáceo de escala menor que la morfina, puede causar estreñimiento, cólico biliar, retención urinaria, comezón o urticaria, náuseas, vómitos, mareos, confusión, delirio, dependencia física y psicológica; presión baja cuando la persona se pone de pie, latidos lentos, temperatura corporal baja, sabor amargo y resequedad de la boca. Con el consumo de fentolamina, palpitaciones, congestión nasal, baja presión, dolor de cabeza, falta de aire, conjuntivitis, insomnio, depresión, dolor y entumecimiento del pene. Con el empleo de alprostadil, el resultado puede ser dolor, salpullido y acumulación de líquido en el pene; inflamación de glande, hemorragia, comezón e hinchazón en el sitio de la inyección, sangrado por la uretra y aumento de la temperatura del pene, entumecimiento, erección dolorosa y eyaculación anormal; dolor e hinchazón en testículos, baja presión, dolor localizado en el trasero, piernas, genital y pélvico, etc. Cuando se intenta el alivio a través del fármaco sildenafil, los efectos nocivos pueden ser dolor de cabeza, mareos, dispepsia, congestión nasal, alteraciones de la visión, una percepción mayor de la luz o visión borrosa; con testosterona, una erección dolorosa y permanente del pene, escasa o total carencia de espermatozoides y disminución del volumen de eyaculación.

INDICACIONES

1.- En primer lugar, bajo ninguna circunstancia caiga en un estado desesperación.

2.- Si la causa está en un desajuste psicológico, hable con su compañera sin límite de tiempo acerca del problema. Ponga en práctica el método de sensibilización descrito líneas arriba. En caso de que no se obtengan resultados importantes después de 6 u 8 sesiones, busque, junto con su pareja, la asesoría de un psicólogo.

3.- Antes de ir al médico, haga un repaso detallado de todos los factores de riesgo que aparecen aquí, luego vaya descartando cada uno con el propósito de que se acerque con mayor certeza al origen del trastorno. Además, cuando hable con su médico, no tenga miedo hacerle cualquier confesión.

4.- Recuerde, no importa cuál sea el origen de la disfunción eréctil, usted contará siempre con una vía de solución de mediano o de largo alcance. Todo dependerá de lo oportuno que llegue al tratamiento.

5.- Intente llevar una vida apacible. El trabajo mental intenso también puede provocar una disfunción eréctil, evítelo.

6.- Elimine de su dieta los excitantes como café, té, tabaco y alcohol. Haga ejercicios todos los días, sobre todo caminatas de por lo menos una hora diaria.

7.- Revise su alimentación, tal vez esté cursando por una anemia.


TRATAMIENTO ALTERNATIVO

1.- Prepare por lo menos 2 ó 3 veces por semana una ensalada con 100 grs. de berro y 200 grs. de aguacate.

2.- Consuma 200mcg. (microgramos) de ácido fólico y 2mcg. de vitamina B12 (cianocobalamina).

3.- Ingiera una cápsula de vitamina E 400 U. I. por día.

4.- A un litro de agua agregue 30grs. de coclearia, 50grs. de zarzaparrilla, 50grs. de saúco y 30grs. de pasiflora. Deje que hierva durante 10 minutos. Haga tres partes y consúmalas antes de los alimentos.


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