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La luna ilumina el rostro de alguien cuando la noche tiñe con luz sus instintos, recordándole que es mujer como ella, como ellas: mujeres de carácter altivo y de puños de siembra y asombro, lunas llenas que miran sus dolores: los de los hijos, los de sus hombres, los de sus comunidades por las agresiones que reciben por parte de lo que se llama poder; por las invasiones de los agresores en las vísceras esencias de sus tierras, por las órdenes de lo que se llama poder, poder, poder, poder… ¿Qué es el poder, de dónde viene y por qué se instala en el mundo y cómo se come y cómo se bebe? ¿Y la respuesta? Pero las mujeres de carácter altivo y de puños de siembra y asombro, lunas de verdades, no guardan sus dolores en el corazón ni se quedan a lloran sus penas con los brazos cruzados. Son capaces de sangrar a la luna y sangrar su corazón para sacar su rebeldía de mujeres de evolución-revolución, claras y decididas en su lucha por una vida digna y justa; ni los agresores disfrazados de cazadores ni los cazadores disfrazados de individuos, con su tromba de amenazas de muerte, hacen callar los gritos de estas mujeres. Sí, sus gritos se escuchan por el mundo, y revientan los oídos sordos de la sumisión y del olvido; sus gritos emprenden la libertad. Sólo hay que aprender a escucharlos. Un día alguien escuchó a estas mujeres decir: “...nosotras antes teníamos tres ataduras que no nos dejaban respirar: una, que nuestros hombres nos veían como bestias y hasta tenían derecho de vendernos siendo hijas, al mejor postor; otra, que siendo mujeres no teníamos derecho a hablar, a participar en las decisiones del pueblo; y la última, que siendo mujeres también éramos indígenas explotadas por los patrones. Y por eso somos mujeres de decisión. Primero tuvimos que luchar contra nuestros hombres, y supieran que somos seres humanos, que podíamos decidir sobre nuestras familias y sobre el pueblo juntos, ellos y nosotras. Ahora luchamos juntos contra los explotadores. Prohibimos a nuestros hombres el alcohol, porque los embrutecía y nos golpeaban; así empezamos, poco a poco, y ahora hasta los niños…”
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