Una belleza a prueba del tiempo; actriz que en su momento de gloria, dice, no le atrajo la frivolidad de las fiestas del medio del espectáculo. Ella es Roxana Chávez, quien tiene claro su objetivo en la vida: no solamente ser feliz en lo individual, sino compartir este sentimiento a otras personas, pero sabe que es difícil, por lo que se define como una “guerrera de la felicidad”.
Multifacética en su andar diario (actriz, productora, cabeza principal de la Fundación Giordanna Nahoul, I. A. P., que ayuda a niños con daño neurológico principal y madre de tres hijas), Chávez vislumbra un futuro cercano: hacer una película basada en su libro “El amor no tiene educación”, además, tiene en mente la idea de ganar una curul para legislar en favor de los infantes.
“Hay lagunas enormes respecto a los derechos de las personas con daños neurológicos; mi chaparrita (hija) tiene este mal causado por una negligencia médica y la justicia no me respaldó lo suficiente con mi caso, debe regularse”.
Desde su punto de vista, las plazas para los actores mexicanos o para un foráneo deben ofrecerse en completa equidad.
“Está bien que vengan a México, pero también debería de haber un convenio para que a los actores mexicanos se les abran más plazas de trabajo en el extranjero, hay que ser equitativos y en esa materia me gustaría legislar”.