Edición: 27 de Enero del 2010
Círculo Virtuoso
Somnolientos
Regina Kuri

Desde niña sufro problemas para dormir, a veces para conciliar el sueño, otras me despertaba mucho antes del amanecer, y la mayoría de mis noches eran poco reparadoras y efectivas.
Recuerdo despertar en las mañanas con un cansancio terrible y desde luego sin rendir. Dormía pocas horas y con sueño de no muy buena calidad. Eso me provocaba un cansancio tremendo, creo que también me sentía un poco deprimida y ansiosa a la vez.
Durante mi adolescencia me las arreglé para recurrir a alternativas muy efectivas, al menos por un tiempo determinado, pero poco convenientes. Empecé a tomar inductores de sueño y pastillas para dormir, y cuando tuve acceso a otro tipo de drogas, también fumaba marihuana. Desde luego estos métodos eventualmente perdieron su efectividad, y bueno, lo demás no es motivo de esta publicación.
Hoy me entero que para los adolescentes puede resultar bastante peligroso el no dormir adecuadamente, tanto en modo, como en cantidad de horas. Es cierto que cuando los individuos pasan de la niñez a la adolescencia los padres pierden un poco de control o resguardo de ellos y las horas para dormir ya dependen más de los chavos, de las tareas que dejan en el colegio o de las elecciones que se tomen día a día. Además, es normal que un individuo poco a poco se vaya adaptando a las necesidades de su cuerpo.
Hay personas que tienen una gran capacidad de adaptación al medio ambiente, pero muchas otras sí comienzan a padecer las consecuencias de no poderse adecuar a las circunstancias.
El estudio se realizó en la Universidad de Columbia de Nueva York y arroja cifras en verdad muy alarmantes. Para los adolescentes que tienen su hora de dormir después de las doce de la madrugada, existe un 24% de riesgo en generar algún grado de depresión y un 20% en tener consecuentemente ideas suicidas.
Es normal que cuando uno se va desarrollando en la vida y vamos adquiriendo más responsabilidades, como en la escuela o el trabajo, las horas de sueño desgraciadamente (para algunos) comienzan a disminuir, sin embargo, para las personas que se ubican entre los trece y los diecinueve años esto sí puede representar un peligro y riesgo en su salud y comportamiento.
El estudio, realizado por un médico de apellido Gangswisch, de pronto puede parecer muy radical o alarmista; sin embargo, sabemos que el no dormir bien para una persona adulta puede provocar somnolencia durante el día, irritabilidad, ansiedad, poca productividad y sobre todo, poca tolerancia a la frustración. Estos síntomas pueden ser el inicio de una depresión leve, pero gracias a la madurez que proporciona la edad, ésta puede ser manejada o controlada por quien la padece; no así en la adolescencia. Un adolescente está en plena etapa de desarrollo, tanto física como mentalmente, así que experimentar estos signos, inevitablemente afecta el poco equilibrio emocional que puedan tener.
Desde luego que esto los puede llevar a experimentar también ideas sobre el suicidio, o salidas dañinas para adormecer su malestar.
La prueba es muy clara en las estadísticas, cada vez son más jóvenes los que se inician en la búsqueda artificial del placer, llevando a los chavos a consumir drogas como alcohol y tabaco, y otras ilegales como la marihuana.
Muchos especialistas no toman en cuenta que la manera de dormir influye mucho en el comportamiento emocional de las personas, así mismo ayudaría para diagnosticar problemas mentales que no necesariamente tendrían que ser resueltos con medicamentos, sino con cambios de hábito.
La cuestión es que la vida cotidiana demanda desfases en nuestros hábitos de alimentación, sueño y demás, no lo podemos controlar, y mucho menos pretender controlar la vida de un adolescente con múltiples ocupaciones. Lo que sí podemos es tener presente que se pueden presentar estas situaciones, y si tomamos en cuenta las causas, podemos evitar daños mayores a nuestra salud así como a la de los seres queridos de nuestro entorno.
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