Sureña, de aspecto descarado, pero enfermizamente tímida y en una busca perpetua de amor y compañía, Ava Gardner fue, por encima de todas las cosas, bella. De una belleza rotunda, a la que sobraban calificativos y que fue, para bien y para mal, su característica esencial.
“No sabía hablar, tenía un horrible acento del sur, pero ¡era impresionante!”, dijo el productor, que descubrió la fuerza de Gardner y sus posibilidades en el glamoroso mundo de Hollywood. Aún le quedaba mucho camino por recorrer y mucho que aprender a esta sureña, cuyo primer obstáculo fue eliminar su duro acento y aprender a caminar sobre tacones. Un aprendizaje que fue puliendo a Ava hasta convertirla en una espectacular mujer que escondió su timidez bajo una perfecta coraza de belleza, fuerza y soledad.