Vislumbres. Una entrevista juguetona

Fotografía de Milenio/CuartoOscuro.

El lunes 6 apareció en Mileno TV/ Jalisco, una muy entretenida entrevista de un tal Fernando del Collado a José Ignacio Peralta Sánchez, preguntándole aparentemente de todo cuanto acontece en el estado que presuntamente gobierna.
Dicha entrevista, que de inmediato se ve intencionadamente juguetona y propiciadora de respuestas desinhibidas, nos muestra a un entrevistado de cara risueña, gestos simpáticos, rápido para responder, elusivo a veces, con un preocupante grado de insensibilidad y tal vez hasta cinismo.
Empieza con una pregunta que más parece saludo: “¿Todo bien?” Y la respuesta supera a la pregunta: “Todo muy bien, muchos ánimos”. Y se comienza uno a preocupar.
Luego afirma ser muy sincero, autocrítico, seguro de sí mismo y conocer “cada metro cuadrado” del territorio estatal. Para continuar diciendo que gobierna sin miedo, con mucho entusiasmo, con determinación y “sobre todo con la ley en la mano”, sin permitir ninguna transa a sus colaboradores y sin negociar tampoco con ninguno de los tres cárteles que el entrevistador menciona.
Dice también que el poder le ha servido para “transformar Colima”, que él y su equipo han “resuelto muchos problemas”, aunque más adelante aclara que él gobierna “solo y a plenitud”. Es decir, sin interferencias de nada y de nadie.
El entrevistado admite que ha habido ocasiones en que no se ha dado cuenta de que algunos de los integrantes de su gobierno han incurrido en actos de corrupción. Pero se autocalifica como un individuo limpio, honesto, y que cuando ha llegado a enterarse de algo que sus colaboradores han hecho mal, toma “medidas drásticas”.
Al ser cuestionado “¿Qué clase de gobernador es?” Responde que “uno que vino a cumplir su trabajo”, y anhela sentirse bien consigo mismo cuando concluya su mandato. Dando a entender que no necesita robar porque por el momento tiene “dos cuentas bancarias con fondos suficientes para salir adelante”.
Admite, sin embargo, que en la policía estatal “hay de todo”, y que igual sucede “en los ministeriales”, pero que están trabajando para depurar dichas instancias. Afirma que aun cuando él mismo no ha presentado el examen de confianza, Arnoldo Ochoa sí lo presentó y no lo reprobó, y que por eso sigue siendo su Secretario General de Gobierno.
Hábil para eludir.-
Hasta ese momento todo iba más o menos bien, pero en cuanto le comenzaron a preguntar por su militancia política, comenzó, digamos, “a cascabelear”, aunque debo reconocer que tuvo el valor de ostentarse como “orgullosamente priísta”, como un sujeto que “lleva el priísmo en su ADN”, orgulloso descendiente de su abuelo Manuel, fundador del PNR, y orgulloso, también de su tío Miguel de la Madrid.
El cascabeleo inició justo en el momento en que el entrevistador le preguntó si él reconocía ser parte del “nuevo PRI y de los jóvenes gobernadores priístas de los que presumía el presidente Enrique Peña Nieto”. Negando ambas cosas y yéndose por la tangente al decir que los delitos cometidos por todos esos pillos políticos “no califican al PRI”, sino sólo a cada uno de ellos. Porque para él “el PRI es su doctrina, sus principios políticos”, no sus militantes.
Las evasivas fueron siendo más visibles, como cuando dijo no saber que a su tío Miguel, el ex presidente, le habían mermado sus facultades mentales desde pocos años antes de morir; o cuando negó saber sobre “la partida secreta” que aquél dijo que usaba Carlos Salinas de Gortari; o cuando al hablar el periodista del incremento del índice de violencia en nuestra entidad, JIPS se lo achacó a factores externos, porque los “delitos dolosos” que hoy abundan “son del fuero federal”, y porque “los generadores de la violencia en Colima no están en Colima”.
“Un tema de percepción”.-
Sin ánimos de sólo ver los prietos en una buena sopa de arroz, algunas respuestas de José Ignacio al menos a mí me sacaron de onda, como aquella que dijo que el poder le ha servido “para transformar Colima”, y como esa otra con la que afirmó que han “solucionado muchos problemas”. Tal vez porque no logró decir cómo es que transformó Colima, ni cuáles son los problemas que ha solucionado.
Por lo demás, es desconcertante también que no conforme, por ejemplo, con limpiarse las manos en cuanto toca a “los delitos culposos del fuero federal”, haya acusado a los alcaldes de no haber podido avanzar más en la lucha contra el delito por su falta de coordinación y compromiso.
Pero lo más increíble de todo ese evento ocurrió cuando el reportero le preguntó cuántos muertos más habrá que esperar mientras dure su gobierno. Pues fue entonces cuando JIPS puso su cara más seria e intentó revirar: “No es un tema de contabilizar los muertos, sino un tema de tener estrategia, de hacia dónde debemos llevar… la seguridad”. Añadiendo inmediatamente que en ese punto “hay algo muy importante: la seguridad no es un tema de estadísticas, es un tema de percepción. Y por lo tanto debemos trabajar para crear claramente la sen-sa-ción de que Colima es nuevamente un estado seguro”.
“¿Tema de percepción?” – le preguntó, aparentemente incrédulo, el entrevistador. Y JIPS afirmó con la cabeza y lo repitió a viva voz: “Tema de percepción… Que lo escuchen los alcaldes y que lo escuchen quienes lo tengan que escuchar: la seguridad es un tema de percepción”.
Dijo más el ciudadano Peralta Sánchez, sobre otras cuestiones que frente a ésta parecen baladíes, pero ¿para qué gastar más tiempo resumiendo el resto de la entrevista?
“Yo percibo, tú percibes… etc.”-
Entiendo que cuando se trata de definir qué es, o en qué consiste el fenómeno de la percepción, uno transita por los ámbitos de la psicología; pero que cuando se habla de estadísticas transita uno por el ámbito de las matemáticas aplicadas. Y en ese tenor, si percibir es darse cuenta de algo. Ese “darse cuenta” implica un conocimiento de lo que nos circunda, nos beneficia o nos daña.
Si, por otra parte, nos percatamos que hay algunos eventos más o menos parecidos y comenzamos a tomar nota de ellos, hasta sin querer estamos iniciando una estadística con esos datos. Pero si esos eventos (no importa el tipo) se incrementan o se multiplican, hasta sin querer también llegamos a la conclusión de que algo muy fuera de lo usual está pasando en el lugar donde nos encontremos. Y cuando hay otras personas que nos aportan más datos y opiniones coincidentes, no hay duda que llegamos a la certeza de que ahí está ocurriendo algo completamente fuera de lo normal.
En un contexto no parecido, si cualquier ciudadano medianamente informado observa que los salarios caen en su país mientras que los precios de los productos de la canasta básica suben, es lógico que pueda pensar que algo anda mal en la economía de su país. Pero si luego ve que las tasas de interés se incrementan, que hay un déficit muy pronunciado en la balanza comercial y que su moneda se devalúa, es claro que supondrá que o se va a desatar una crisis en ese país, o que, de plano, ya está inserto en ella. ¿O no?
En ese orden de ideas no deja de ser extraño que un economista en funciones de gobernador se atreva a ningunear las estadísticas de la muerte violenta en su estado, y se anime a decir que “el tema de la violencia no es un tema de estadísticas, sino un tema de percepción”, y que, en vez de buscar una manera efectiva para abatir los indicadores del crimen, afirme que lo que se debe hacer es “trabajar para crear claramente la sen-sa-ción de que Colima es nuevamente un estado seguro”. ¿Será que para él si es posible tapar el sol con un dedo?
La feria.-
Algunas personas me preguntaron en estos días ¿qué tan antigua es la Feria de Todos los Santos? Y mi respuesta es la siguiente: No conozco ningún indicio anterior al siglo XIX en que se mencione una feria realizada en tierras colimotas en el sentido que la conocemos hoy. Pero sí hay varias referencias relativas a la celebración de la fiesta de Todos los Santos.
Estas referencias, en efecto, están inscritas tanto en el Misal Romano, como en el Santoral Cristiano desde hace mil años o más. Por lo que no debe extrañarnos que, desde cuando se inició el proceso de la evangelización en Colima (aproximadamente entre 1530 y 1533) los frailes y los señores curas de aquel tiempo, hayan celebrado dicha festividad religiosa, unida, como se sabe, a la de Los Fieles Difuntos, para contrarrestar, como era su propósito inicial, las creencias y prácticas idolátricas de los indios de cada región, a los que llamaban paganos.
Por otra parte, la primera mención que me he podido encontrar sobre la palabra feria en los documentos del siglo XVI en Colima, procede de la pluma de un Oidor Real que, tras de haber hecho una extensa “gira de revisión”, diríamos hoy, por la inmensa mayoría de los pueblos de la provincia de Colima, en septiembre de 1554 le envió al rey de España un informe pormenorizado de sus observaciones, en el que, entre mil otras cosas escribió que dada la abundancia que había de comerciantes, para regularizar un poco el comercio: “En todos los pueblos se dio y se puso orden de que hubiese, ciertos días de la semana en unos, y (ciertos días) en otros, tianguis, que son las dichas ferias o mercados; señalándoseles horas ciertas para tal efecto”.
Párrafo en el que los lectores podrán apreciar que feria, tianguis y mercado eran sinónimos en aquel tiempo. Y si tomamos el dato exclusivamente en este sentido, entonces tendríamos que considerar al licenciado Lorenzo Lebrón de Quiñones como fundador de la primera feria, en la medida que lo fue del primer tianguis organizado: “Ordené ansí mesmo y proveí que se hiciese tianguis en la Villa (de Colima), dos veces en la semana (con la participación) general de todos los pueblos de diez leguas a la redonda y que todos los indios trajesen bastimento, a los cuales se les puso precio moderado a contento de los indios, aunque no de los españoles, por baratos y bajos que eran dichos precios, pues estaban acostumbrados a comer y no pagar, y si algo pagaban era muy poca cosa”.
De lo anterior deriva que conforme fue creciendo la población, también es muy posible que las autoridades locales de Colima hayan decidido, de común acuerdo con las religiosas, extender los días de tianguis a todas “las fiestas de guardar” y que, coincidiendo con el inicio de las pizcas, al celebrarse las fiestas de los Fieles Difuntos y de Todos los Santos, se incrementara el flujo de gente que venía, ya con dinerito, a comprar y a vender en la plaza, siendo esos días más concurridos que otros. Aprovechándose tal vez esa numerosa concurrencia para promover algunos momentos de diversión, como carreras de caballos, corridas de toros y peleas de gallos, del mismo modo que ocurría esto también en muchos otros pueblos de la Península Ibérica y de la Nueva España. Pudiendo ser ésos los antecedentes locales de la feria como la conocemos hoy.