Trabajadores de la zafra en Colima: retrato de la miseria

Colima, México, Avanzada (11/11/2017).- Sus caras reflejan la miseria en la que viven, son los nómadas del siglo XXI. Hombres, mujeres y niños que buscan mejores oportunidades de trabajo en cada estado; son los jornaleros que llegaron al municipio de Cuauhtémoc hace algunos meses para sacar adelante la temporada de zafra.

Muchos, la mayoría ya se fueron, regresaron a sus lugares de origen a vivir en la sierra de Veracruz o a internarse en pueblos perdidos en Guerrero, para ellos da igual en dónde estén, pero hay otros, alrededor de 10 familias que decidieron quedarse, son aquellos padres que quieren que sus hijos terminen sus estudios para que puedan sostener una familia con más de 50 pesos al día, como actualmente lo hacen ellos.

Los trabajadores de caña, llega todos los años al municipio de Cuauhtémoc, se instalan en los albergues del Cóbano, el Trapiche o en Quesería en donde viven bajo deficientes condiciones de higiene y privacidad, las mujeres y los hombres solo acuden al médico cuando se sienten muy mal y esa condición no merma su actividad física en las labores del campo.

Sin importar en qué condiciones de salud se encuentre, los hombres de la caña, saben que debe de salir a trabajar, un día en su casa, es un día sin paga y no pueden darse el lujo de eso: sus cuatro, cinco, seis, siete u ocho hijos tienen que comer, de todas las cosas necesarias para un buen desarrollo infantil, por lo menos eso les garantizan, lo demás no se puede, es raro cuando los niños tienen calzado nuevo, casi siempre andan descalzos, a pie a raíz, como dicen en sus pueblo.

Se viste con la ropa que tienen desde hace años, o en algunos casos familias de las poblaciones donde se instalan les regalan algunas prendan que utilizan todo el año hasta que vuelve a venir la temporada de zafra.

Sus caras morenas, quemadas por el sol, sus dientes amarillos, podridos en algunos casos, las panzas de los niños pronunciadas, contrastan con las viviendas, con el estilo de vida de los productores de caña, con los trabajadores del Ingenio de Quesería: para los campesinos, para los más pobres de los pobres, siempre es lo mismo, salarios raquíticos que apenas les permiten medio a comer a su familia; ello no ven las bondades de la temporada de zafra, no disfrutan cuando fue una buena cosecha porque ésta no se refleja en sus bolsillos.

Los que se quedan cuando terminó la temporada de zafra, trabajan en lo que pueden, algunos como ayudantes de albañiles, las mujeres cortando jitomate, en el campo siempre, “esto es mejor que regresar a donde vivimos, aquí los hijos van a la escuela, allá está muy lejos”, dice Dorotea, una de las pocas mujeres que viven en el albergue.

Los jornaleros y en algunos casos sus hijos trabajan hasta 11 horas seguidas, el sol, el calor, no son ningún factor para que se detenga su trabajo; a veces desde las seis de las mañana ya se encuentran en los campos.

Pocas veces comen carne, tal vez en alguna ocasión cada quince días, el pollo procuran tenerlo dentro de su alimentación una vez por semana, pero los ejotes, nopales, huevo, papas, las parotas, los guamúchiles, las tortillas frías no pueden faltar en su menú… la leche “esa es solo para los niños” dice Adelina, quien muestra un grave deterioro en sus encías, pero a ella lo que más le molestan son sus manos: las reumas no la dejan en paz y así tiene que salir a trabajar y regresa a lavar a mano la ropa de sus hijos y a tortear.

En el Albergue del Trapiche, desde hace años vive una parte de los cortadores de caña junto con sus numerosas familias; las pequeñas vivienda que habitan les permiten tener únicamente dos petates para dormir, alguna cama de cemento y la ropa que usan.

La cocina está a fuera del pequeño cuarto, está al aire libre, las mujeres acomodan un montón de leña, algunas ollas y un comal para calentar la comida.

Es evidente la falta de servicios de salud. En el albergue no existe un espacio para la privacidad, ni para las necesidades elementales como el bañarse, las mujeres se bañas antes de que los hombres llegue del trabajo porque esa actividad la tiene que hacer al aire libre, alrededor de una gran pila que es la que les surte de agua.

Por contradictorio que parezca, las familias que se quedaron afirman que el pequeño cuarto en el que vive en el poblado de El Trapiche es más cómodo y caliente que su casa en la sierra veracruzana; sus condiciones de vida se mejoran cuando se vienen a trabajar en la zafra, y por ello cada año regresan, a pesar de que aquí está en la miseria, los que se van están listos para volver en noviembre y los que se quedan aguantarán en trabajos temporales con tal de que sus hijos tengan mejores condiciones de vida.

Así viven los nómadas del siglo XXI, los que trabajan sin descanso en el municipio cañero del estado.